Por Marcela Temes I dirección@revistali.com

Muchas veces sentimos que se hace difícil alcanzar nuestros sueños. Tratamos de ser buenas madres, buenas profesionales y por sobre todo ser la mujer que aspiramos. El mandato aun nos impulsa a querer ser super mujeres, pisando fuerte y dando “taconazos” donde vamos. Queremos llevarlo todo adelante (no por delante) y poder un día cerrar aquellas bocas que te dicen ¿adónde vas? El estar en distintos sitios siempre con una sonrisa, pintada y natural, arreglada y cansada, sonriendo y derrotada y pensando en el donde querrías estar y estás; con quien te gustaría estar y estás; para qué está ahí y estás.

En ese intento de SER, muchas veces, nuestra carrera es un interminable camino entre el deseo y la necesidad, porque de alguna manera lo profesional se pone en juego con lo personal. Aparece el desafío de poder amar intensamente, luego de haber venido de negociar nuestro nuevo proyecto o intentar que no se caiga un negocio que venimos apostando desde hace tiempo. Entonces, lidiar entre lo que queremos, lo que deseamos y lo que esperamos puede ser casi una emoción esquizofrenizante cuando al mismo tiempo queremos gustar, desear y amar.

Deberíamos decidirnos fervientemente a arrojar por la borda los prejuicios y desmantelar el deseo del otro para poder ser mujer sin importarle a quien, con toda la potencia y el desgano que podamos tener.

Aun hoy, cuando muchos hombres apoyan el movimiento feminista, las mujeres somos juzgadas por nuestras decisiones constantemente, hay algunas que quieren dedicarse a los hijos, su casa y marido, entonces son criticadas porque están “desperdiciando su vida”. Hay quienes no se quieren casar, entonces son criticadas porque “una mujer sola es una amargada”. Hay otras que –casadas o no- no quieren tener hijos y entonces también son blanco de ataques porque “no saben de lo que se están perdiendo y lo lamentarán más tarde, cuando se queden solas y no tengan quien las cuide”.

Pertenecemos a una generación de mujeres a la que se nos exige demasiado, pues tenemos que encontrar al hombre perfecto, tener hijos, una vida profesional envidiable, ser tiernas pero fuertes, trabajadoras pero con tiempo para hornear galletas tan perfectas como las imágenes que podemos encontrar en google, ir al gym para tener un cuerpo saludable y llevar una dieta saludable que además cocines tu misma, de preferencia orgánica; cuidar a los hijos que tienen que ser genios súper dotados que hablan 4 idiomas antes de los 3 años, rescatar mascotas de la calle, leer 4 libros al mes, y ni te cuento si además estas en búsqueda de una pareja, porque ahí debes poner todo sobre el tablero… Podría seguir con la lista de expectativas creadas por la sociedad, nuestros abuelos, padres, tíos, pero lo peor ¡por nosotras mismas!

Ser mujer implica muchas cosas que no necesariamente las mujeres queremos y eso es lo verdaderamente importante, entender que, la vida merece ser vivida, disfrutando y apropiándonos de cada momento, en la intimidad de nuestro ser. Y que el camino de la auto sinceridad, implica bajar las exigencias para darle paso a la esencia de lo femenino. Fluir y por sobre todas las cosas, amarnos.

Abrazo del Alma