Sin riesgo, hay poca recompensa. Esta es la esencia de decenas de citas atribuibles a figuras muy notables como John F. Kennedy y Yo-Yo Ma, Paulo Coelho y Rihanna. Sus máximas sobre la vida son válidas para los mercados. ¿Cómo pueden las políticas ayudar a las personas –en particular a las que viven en la pobreza o son vulnerables al empobrecimiento y que posiblemente tienen más que perder– a correr riesgos y obtener mayores recompensas? Desde que existen las sociedades, compartir el riesgo ha sido una cláusula esencial del contrato social. Sin embargo, en el periodo actual de cambio rápido y fundamental, esta cuestión sigue exigiendo la atención de los responsables de formular políticas.

Si el capital humano es el activo más importante en el que invierten las personas, el mercado laboral es donde se arriesgan buscando la rentabilidad de esa inversión . Los mercados laborales son también el lugar donde muchas personas experimentan conmociones y pérdidas. Al igual que todos los mercados, el mercado laboral tiene imperfecciones y fallas que motivan las acciones de los gobiernos para mejorar las perspectivas de las personas ayudándolas a gestionar los riesgos y la incertidumbre, así como a aprovechar las oportunidades. Estas medidas políticas varían mucho de un país a otro, tanto en la forma como en las combinaciones con que se implementan. Pero los objetivos de la mayoría de los gobiernos son similares: garantizar que el mercado laboral sea seguro, justo y un lugar donde las habilidades de las personas, el espíritu de empresa y las iniciativas de riesgo sean recompensados. Cumplir con los objetivos de las políticas de distribución de riesgos es particularmente importante para que los recién ingresados al mercado laboral —ya sea que recién terminen de estudiar a tiempo completo o que nunca hayan tenido un trabajo en el mercado— tengan las mejores posibilidades de éxito.

El Departamento de Prácticas Mundiales de Protección Social y Trabajo del Banco Mundial publicó hoy un nuevo informe titulado “Protecting All: Risk-sharing for a Diverse and Diversifying World of Work” (Protección para todos: Distribución del riesgo para un mundo laboral diverso y en proceso de diversificación). El documento analiza de qué forma se sienten en los mercados laborales de los países de ingreso alto, mediano y bajo los factores mundiales que generan disrupciones tales como el avance rápido de la tecnología y los patrones cambiantes del comercio pero señala que también el cambio social, demográfico y climático están alterando la naturaleza del trabajo.

Más mujeres que nunca antes participan en el mercado laboral, ampliando el conjunto de expectativas y preferencias sobre cómo se realiza el trabajo y qué significa la prosperidad. En los países que deben administrar una gran cantidad de jóvenes, hay una multitud de jóvenes cada vez mejor educados que se agrupan en ciudades y compiten por empleos, persiguiendo nuevas metas y aspiraciones acerca de la dirección que desean que tomen sus carreras. En los países que envejecen demográficamente, ha surgido un claro imperativo político para mantener a las personas comprometidas productivamente durante porciones más largas de sus vidas, y una nueva generación de ancianos activos espera más opciones y flexibilidad al decidir cómo usar su tiempo. El cambio climático mundial amenaza con forzar, o ya ha forzado a las personas a reubicarse para obtener sus medios de vida, y está desafiando la viabilidad de muchas industrias y formas de trabajo que son para estaciones o lugares particulares.
A su manera y a través de diferentes canales, cada una de estas fuerzas disruptivas crea una mayor diversidad y fluidez en el mundo del trabajo. El problema es que las políticas imperantes de distribución de riesgos −seguridad social y protección de los trabajadores− en la mayoría de los países no acomodan bien la diversidad y la fluidez. Esta falla probablemente refleja los contextos en los que se concibieron estas políticas −la relativa homogeneidad y estabilidad del empleo en la última era industrial de Europa− así como las aspiraciones de los gobiernos pasados y presentes en los países de ingreso bajo y mediano sobre cómo deberían transformarse estructuralmente y desarrollarse sus economías.

En los países de ingreso bajo y mediano de hoy en día, el mundo del trabajo se caracterizó durante mucho tiempo por la diversidad y la fluidez, y es probable que continúe siendo así. Las políticas predominantes de distribución de riesgos −en particular la seguridad social, la protección del empleo y la regulación laboral− suponen homogeneidad; que los empleadores sean agentes eficaces y confiables de la protección social y que la relación laboral sea una plataforma suficientemente estable como para brindar cobertura a los trabajadores y sus familias.
En el documento se argumenta que el desajuste entre la forma en que las políticas suponen que la mayoría de las personas trabaja y cómo lo hacen realmente −y es probable que lo hagan en el futuro− limita la eficacia de estas intervenciones e incluso aporta resultados desiguales. La exclusión actual de muchas personas trabajadoras de las protecciones suele ser un artefacto de cómo se diseñan estas protecciones.

Una mayor capacidad del gobierno para brindar protección social significa que dónde y cómo trabaja una persona ya no es necesario que sea un obstáculo de jure o de facto para la cobertura. El documento propone un paquete de garantías contra la pobreza, pérdidas catastróficas y otras protecciones que abarcan la diversidad y la fluidez, que preparan y protegen a los trabajadores para el cambio. El enfoque que proponemos es más sólido frente a la naturaleza cambiante del trabajo, y una mejor manera para que la sociedad ayude a las personas a asumir riesgos, aprovechar oportunidades y ganar su participación en economías que cambian rápidamente.


Por Truman Packard
Lead Economist  https://www.linkedin.com/in/trumanpackard/