“El ocio no es sólo un componente de la
calidad de vida, sino la esencia de ella”
(John Neulinger)

 

Por Marcela Temes I dirección@revistali.com

Las mujeres (y hombres) que ocupamos cargos directivos o asumimos altas responsabilidades, sumamos a la tensión familiar y doméstica, el estrés laboral. Las exigencias y las presiones que vienen del ámbito laboral, en general, sofocan los demás papeles que precisamos ejercer. Por esta razón, es que en los últimos tiempos, si bien el trabajo sigue siendo un tema central en nuestra sociedad, para las mujeres, el ocio ocupa una posición igualmente importante en la vida.

Muchas personas  creen que el Ocio  se refiere a las actividades que podemos realizar por placer y sin tener presiones de por medio. Esta circunstancia conlleva a que por lo general el ocio no se relacione con cuestiones laborales o productivas. Y es cierto. El ocio es la posibilidad de descansar la mente de las presiones cotidianas.

Sin embargo, con el tiempo aprendí que, no hay posibilidad de creación sin tiempo de ocio. Es decir, mucho trabajo sin ocio es como largar todo el aire sin volver a inspirar, Por lo tanto el ocio, viene a sanar, asi como el sueño es el mecanismo de reparación durante la noche, el ocio es el momento de sanación en la vigilia. O sea, es mucho más que  un momento de distracción; El ocio es un momento de intensidad silenciosa, necesario para la gestación creativa, de nuevos proyectos profesionales o personales.

El ocio es un momento de intensidad silenciosa, necesario para la gestación creativa, de nuevos proyectos profesionales o personales.

Por su parte, la noción de bienestar hace referencia al conjunto de aquellas cosas que  necesitamos para vivir bien; Dinero para satisfacer las necesidades materiales, salud para disfrutar de cada momento de nuestra vida, y relaciones afectivas sanas, son algunas de las cuestiones que hacen al bienestar en nuestra vida. Por lo tanto, no hay bienestar sin Ocio.

Según un estudio de Citibox, cada persona dedica solo un 5% del día al ocio. Y en pocas ocasiones destina su escaso tiempo libre a una actividad lúdica. El 70% lo invertimos en sueño y trabajo, que ciertamente son fundamentales, pero gastamos casi cuatro horas en tareas y gestiones.

Las personas tienden a quejarse por la falta de tiempo y encuentran la excusa perfecta para resistirse al  tiempo de Ocio. Como todos sabemos, disfrutar de nuestras aficiones, hacer deporte o pasar tiempo con amigos, son de las actividades que más positivamente revierten nuestro estado de ánimo.

Yo también fui una adicta al trabajo, pasaba horas sentadas frente a mi computadora, encerrada en la oficina o en reuniones eternas. Tal vez, antes tenía tiempo, o no encontraba un verdadero equilibrio, pero mi error mas grande era pensar que cuanto más trabajaba más producía. Con el pasar de los años, me di cuenta que podemos evitar los acelerados ritmos de vida en los que caemos, armando una planificación adecuada de actividades, optimizando, fundamentalmente, el tiempo que invertimos en cada actividad.

Este fue mi punto de quiebre; entender por sobre todas las cosas, que el tiempo, es lo único que no vuelve en la vida.

A veces tiempo de ocio significa no hacer nada, y es saludable que suceda, pero además,  es necesirio aprender a destinar todos los días un tiempo a lo que realmente nos satisface. Recordemos que para vivir necesitamos inhalar y exhalar; sin ese ritmo no hay vida. El ritmo es el equilibrio necesario para el bienestar ; dar, recibir. Dormir, despertar. Amar ser amado.

Si  entendemos entonces, que el ocio no es un tiempo residual, sino una de las dimensiones más importantes de la vida, aprenderemos que es, en el llamado “tiempo libre”, cuando mayores opciones tenemos para conocernos, reconocernos y experimentarnos ante la vida, como personas felices.

Abrazo del Alma