Por Marcela Temes I dirección@revistali.com

Sé que muchos de los que leerán hoy mi columna quedaran tan sorprendidos como yo hace poco más de un mes. Porque si es difícil escribir de mí para que ustedes me lean, imagínense lo difícil que es escribir de mi cáncer. Mi cáncer viene a decirme, y decirles, lo vulnerables que somos. Todo lo mal que hemos aprendido y cuanto nos han dolido algunas cosas que intentamos dejar pasar sin detenernos. Así que esta, será casi una presentación, para mis queridas lectoras y amigas que me siguen, y para los que nunca me han leído.

Hace unos años escribí para esta fecha; “La enfermedad es un camino hacia un despertar espiritual. Cuando podemos verlo y aceptarlo, podemos transformar la enfermedad en un momento de iluminación”.

Esta frase la escribí, cuando miraba el cáncer desde afuera. Cuando pensaba que el Cáncer estaba en los otros, cuando pensaba empáticamente como terapeuta, amiga, compañera, yo era el otro intentando entender. Ahora el otro soy yo. Cuando le conté a una de mis hijas que estaba enferma ella me pregunto; y ahora que pensas ? lo mismo, le dije.

El 2 de septiembre, cuando salí del consultorio luego de que me hicieran una histeroscopia que confirmara que lo que tenía “No era bueno” sentí que debía empezar a respirar profundo. Y eso quería decir, empezar a sentir que la vida estaba en este aquí y ahora. No lo esperaba, me sentía mal, muy mal desde hacia meses y esos últimos días todo había empeorado,  imaginaba mil cosas,  pero nunca cáncer.

Recordé una frase de la oncóloga Maricel Bissio que había conocido en un encuentro a principios de este año, que dijo “El cáncer es al cuerpo, lo que la locura es al alma”. Woouuuuu pensé;  me sorprendió, me gustó, estaba de acuerdo.  Recordé mis estudios como psicóloga y terapeuta y mi trabajo con pacientes con enfermedades psicosomáticas y la sentí muy apropiada, que mejor representación de las células desbordadas y reproduciéndose sin sentido, era realmente la representación del delirio en el cuerpo.  Ahora lo entendía, desde el alma. Me di cuenta que no había sido fuerte, la locura se había instalado en mi cuerpo. Por segunda vez mi cuerpo caía derrotado ante tanta presión. El cambio que había logrado en mi vida luego del ACV, en el año 2012, no había alcanzado, y ahora no se trataba de luchar para vencer, sino de transformar para aprender.

“las células desbordadas y reproduciéndose sin sentido, era realmente la representación del delirio en el cuerpo”

Sumar a mi historial clínico de ACV, un Cáncer era demasiado. Después del ACV, había trabajado mucho para cambiar. Modifique hábitos de mi vida, cambie la alimentación, volví a encontrarme con un espacio religioso que añoraba, baje mis horarios de trabajo, me había separado del hombre que había amado, mi vida era diferente… bueno no había alcanzado, faltaba algo más. Los dos últimos años, mi vida personal se había vuelto caótica y debí atravesar momentos muy dolorosos.

 

Encontrar la parroquia Tomas Moro, al Padre Adrián Santarelli y las maravillosas personas que integran la Comunidad Belén, fue encontrar nuevamente un sentido de amor y serenidad en mi vida. Sin embargo, algo en mí estaba mal. Yo tenía cáncer.

Hace unos días, cuando el médico me dijo como seria la intervención, por primera vez lloré. Parecía que recién ahí, un mes después de recibir el diagnóstico, había entendido lo que estaba pasando. Entonces, llore. Lloré impotente junto al oncólogo preguntándole porque mi cuerpo debía tener que pasar por tantas situaciones difíciles. Llore, llore, y seguí llorando por los pasillos, llore en el ascensor, en la calle, en la escalera, contra la pared, parada y en cuclillas. LLore en el bar, llore. Llame a mi hermana y llore con ella. Fuimos a su casa y caí rendida sobre la cama y seguí llorando. Y en un momento me di cuenta, que no lloraba por tener cáncer, que no lloraba por haber tenido un ACV, eso hubiera sido llorar como una adulta. Yo lloraba como una niña que no había hecho las cosas bien. LLoraba de impotencia ante tanta exigencia . Era terrible sentir eso, pero seguramente ese había sido el error. Eso era lo que no había podido cambiar. Eso era lo que me seguía lastimando. Esa exigencia absurda de no permitirme ser más laxa. De no dejarme equivocar, perder, dejar, soltar. Ese EGO que nos creemos que haciendo yoga, respirando, meditando, rezando y sonriendo hemos superado. Y no. Ahí seguía. Empujando como un SuperYo maldito que lograba traspasar los límites de mi útero, para hacerse llamar CANCER.

Pero que es la enfermedad, sino ese testimonio errático de lucha, entre lo que somos y lo que creemos que debemos ser, ese vacío arcaico que insiste en convivir con la huella de un amor perverso?.

Entonces, al mejor estilo Freudiano de hacer consciente lo inconsciente, deje de llorar y volví a respirar, apropiándome de este dolor y de esta enfermedad que llegaba a mi vida para seguir creciendo.

Y desde lo mas profundo de mi alma, me dije; No pienso luchar. No soy una guerrera ni la mujer maravilla. No me gusta usar la palabra lucha, porque creo que uno lucha cuando intenta resistir, y justamente el cáncer se trata de otra cosa (al menos eso siento con el mio ). Gracias a Dios estoy aprendiendo a ser una mujer llena de imperfecciones trabajando día a día por aprender un poco más e intentando ser mejor persona para entregarme al servicio. Soy una mujer, que solo a través de la oración ha podido encontrar paz y reconciliación con la vida. Y la vida no es más que eso, un punto de partida y uno de llegada. Y en este camino de sanación es que siento profundamente que Dios estará a mi lado para seguir andando y para llegar a mi meta. Para crecer, para transformar, para amar profundamente, para perdonar, para entender.

Este cáncer es una invitación dolorosa e irreverente a empoderarme de mi espíritu y mis sentimientos profundos. Aceptando. Renunciando. Amando hasta el dolor y hacer con él una experiencia reveladora.

Llegue a Tomas Moro, con un gran dolor en mi alma, recuerdo entrar a la misa de sanación los viernes y no dejar de llorar, hoy siento los brazos abiertos que me acompañan en cada paso de este nuevo rumbo. “Así la oración es mi mejor herramienta para atravesar este momento difícil”

“Así la oración es mi mejor herramienta para atravesar este momento difícil”

Este es mi ejercicio, cada mañana cuando despierto y cada noche antes de dormir rezo. Rezo y siento la oración de mis amigos y compañeros de la comunidad, como una red que me sostiene, entonces siento la  Paz que necesito, para aprender a caminar por este nuevo camino.

Tengo la bendición de contar con una madre que me cuida y me sostiene entre sus brazos, dos hermanas y amigas maravillosas con las que podemos reír, pelear y amar, tres hijas mujeres que me acompañan y dos hijos varones pilares (de rugby) que están para empujar. Un amor que de alguna manera me sigue amando y que siempre amaré. Un padre que llega para acompañar. Mis amigos, de acá y de allá, que son el tesoro más preciado y la luz de cada mañana. Amigos que están cada día llenando mi whatsaap con montones de mensajes . Tengo la valiosa compañía del Padre Adrián Santarelli que es mi guía. Pero por sobre todo tengo el amor de Dios en mi corazón.  Soy afortunada. Una afortunada que andaba a las corridas con todo desparramado. Sin lugar a dudas, esta enfermedad viene a reacomodar, una vida que parecía una ensalada donde ni siquiera se diferenciaban las frutas. Como decía Bert Hellinguer, hay que ordenar desde la amorosidad, honrando los lugares que cada uno debe ocupar. Así estamos ahora, trabajando mucho entre todos.

Hoy siento que hay una sola respuesta a todas las preguntas del ser humano y es la búsqueda del amor. Pero no un amor externo, sino un amor hacia nosotros y hacia Dios. He sido  una mujer amor/dependiente; Una “Needy of love” (necesitada de amor)me decía mi amigo Denis. No entendía la vida sin otro/s. Ahora debo aprender que si bien todos buscamos ser amados, no hay amor más grande que el que merecemos recibir de nosotros mismos para con nosotros. Aprender a amarnos sin motivos ni razón. Amarnos porque sí.

“si bien todos buscamos ser amados, no hay amor más grande que el que merecemos recibir de nosotros mismos para con nosotros”.

Debo aprender a transitar otros mares y respetar los tiempos. Por eso me propongo aprender de este cáncer, todo el tiempo que sea necesario. No soy Guerrera pero hare lo posible  por evolucionar sobre él. No soy valiente, pero no le temo. No soy fuerte, sino que buscaré la fuerza en el amor a Dios. Y me entrego, por sobre todas las cosas, me entrego olvidando a la malvada que fui conmigo que no me dejaba equivocarme, que se culpaba de sus errores y sus amores, que no se permitía ser un poco mala también.  Hoy quiero  mostrarme ante ustedes como estoy , sensible y vulnerable, ni muy buena, ni muy mala . Quiero que me vean viviendo esta enfermedad desde el banco de alumna y no de jueza ni acusada. Aprendiendo a amarme un poco mas, y mucho mejor. Para que lo que perdure, siempre, sea el amor. Pero el amor verdadero, el que no lastima ni enferma. El que puede ser libre y sobrevive aún, cuando no haya nadie.

 

Las abrazos desde el Alma

Quiero dar las gracias al equipo del Hospital municipal Bernardo Houssay de Vicente López que me esta atendiendo con respeto y amorosidad, especialmente;

Gracias Rocío por ser tan exhaustiva y haber entrado al consultorio como un rayo decidida a encontrar la respuesta de lo que estaba pasando.
Gracias Maria por tu empatía. Porque a veces el tocar el brazo de un paciente y decir “Lo sé”, como lo hiciste cuando te dije, me duele, es lo único que calma el dolor.
Gracias Laura por hacer de tu espacio de trabajo dos brazos gigantes que te contienen por todas partes.
Gracias Luciana porque tu simpleza es la confianza que necesitamos para entregarnos.
Gracias Sebastián por tomar mi mano cuando lloraba
Gracias Arístides porque tu serenidad y tus pausas son respuestas para el alma, en vos confío y me entrego para atravesar esta nueva etapa
A todos gracias !