Por Marcela Temes I dirección@revistali.com

Hay infinidad de motivos por los cuales una persona decide ser emprendedor, en mi caso particular, nada me motivaba más que ser madre y disfrutar de mis hijos. Pero con la misma intensidad, sentía la imperiosa necesidad de disfrutar de mi vida profesional, estudiar y avanzar con mis proyectos. Con lo cual, era realmente complicado hacerlo cumpliendo horarios prefijados o condiciones estrictas. Así que desde muy chica, decidí que la única manera de poder combinar mi profesión entre pañales y chupetes era siendo mi propia jefa.

La mayor parte de la veces, la gente, tiende a idealizarte, y piensa en lo bonito y satisfactorio que es vivir de tu proyecto, porque en verdad es un sueño que se hace carne en el día a día. Sin embargo, exige de un orden (a veces dentro de un gran desorden) y de reglas que debes cumplir para poder alcanzar el objetivo final; el éxito de tu proyecto ( que claro, no siempre se cumple).

Emprender, muchas veces es perder. La mayoría de los que emprendemos hemos perdido, nos hemos caído y llegamos casi a tocar fondo. Difícil. Experimentamos una suerte de ejercicio profundo a la tolerancia a la frustración ya que caemos y si o si, debemos levantarnos y empezar de nuevo. Eso sí, empezar de nuevo de una manera diferente. Así que también ejercitamos la necesidad de cambiar y por sobre todo, de escuchar. Nos nutrimos de experiencias ajenas, y de relatos de éxitos y fracasos, porque sabemos que estamos en un camino de constante aprendizaje.

Hace unos años, uno cinco aproximadamente, tuvimos serios problemas en la redacción ya que en el edificio se cortaba la luz, por ende, no había posibilidad de usar las computadoras ni internet ni nada. Con lo cual decidí que lo mejor era que hasta que todo se solucionara, cada periodista, podría trabajar desde su casa. Lo maravillosos fue ver como las notas que llegaban estaban cargadas de color, eran mucho más dinámicas y hasta las propuestas eran más osadas. Decididamente, el trabajo era mucho mejor. Sentí, que había llegado el momento de cambiar el formato, no solo de pasar de papel a digital sino de romper con el estereotipo de que una revista tiene que tener una redacción física. Sinceramente no era necesario, por el contrario era casi una cárcel de ideas, un verdadero desperdicio.
Cuando uno puede sentirse libre, lo que entrega esta cargado de energía creadora. Lo importante no era cumplir un horario sino dar lo mejor para que ustedes lo lean.

Así, Martha escribe desde Colombia, Bernardo desde San Diego o México, Lilia desde Bolivia, Clarita desde Belgrano y cada uno desde el rincón de su mundo, su barrio o su banco de plaza. Y si hay que reunirse nos reunimos y a veces una video conferencia grupal alcanza para cumplir con los objetivos de la semana.

La libertad nos hace sentir felices, en el trabajo, con las amistades, con los hijos y en el amor. Por eso cuando me ven reír, nadie imagina que tal vez llevo más de 12 horas de actividad, porque lo hago con tanta intensidad de placer que no me canso, por el contrario es casi un verdadero juego, donde mezclamos risas y compartimos experiencias. Eso sí, no abandono mis clases de yoga, ni mis caminatas, ni mis escapadas para tomar un café entre amigas o colegas, porque también aprendes que combinar actividades laborales con la vida personal, nos hacer ser más flexibles.

Sé que no siempre es posible. Pero tal vez, podríamos pensar, que quienes llevamos adelante una empresa tenemos la responsabilidad de enseñar a emprender, de transmitir la felicidad de ser dueño de nuestro deseo, de que nadie tenga miedo a saltar y de hacer activa su propia historia.

Siento, que emprender, no es un trabajo, sino un estilo de vida, que comienzo a las siete y nunca se cuando termino.
Las Abrazo