Se inauguró en mayo pasado el pabellón Kálida integrado en el jardín del hospital Sant Pau para mejorar la calidad de vida de los pacientes diseñado por Benedetta Tagliabue – Miralles TagliabueEMBT Arquitectos

A pesar de que la ciencia cada vez lo acorrala más, el cáncer es una de las enfermedades más difíciles de sobrellevar. Durante años hasta se evitaba mencionarlo y se usaban eufemismos. Así de complicado es. Y esto tiene que ver con no sólo con los síntomas físicos sino también con la carga emocional que conlleva. Por eso, son importantes los avances de las nuevas técnicas y procedimientos psicológicos, que probaron ser eficaces para disminuir síntomas y molestias en los pacientes. En ese sentido, que exista un espacio protector, amable y sin referencias a los hospitales o a cuestiones de salud que ofrezca asistencia psicológica a los pacientes con cáncer es fundamental.

El pabellón pertenece a la red Maggie’s Centres, fundación dedicada a la promoción de espacios de gran calidad arquitectónica al lado de hospitales. Un edificio único y pionero en España dentro del recinto del Hospital de Sant Pau, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997, cuyo objetivo principal es mejorar la calidad de vida de las personas que sufren el cáncer y también de aquéllas que las acompañan.

La arquitecta Benedetta Tagliabue ha podido volcar en el diseño del edificio su propia experiencia, tras haber vivido en primera persona el proceso tumoral de Enric Miralles, su partner en la vida y en el trabajo.

El edificio se sitúa en el espacio entre el antiguo y el nuevo hospital, y ayuda a conformar la nueva topografía del parque, colocándose entre dos niveles. Tiene así la posibilidad de abrirse al jardín en planta baja, así como en la planta superior a través de las vistas desde los grandes ventanales.

 


La planta inferior es un espacio abierto y flexible pensado como un jardín o secuencia de jardines donde se encuentra la cocina, el comedor en doble altura y espacios polivalentes que pueden separarse a través de puertas correderas para permitir llevar a cabo diferentes actividades de apoyo a los usuarios. Cada rincón del espacio interior está rodeado de verde. El jardín, dibujado como hojas, las pérgolas y los árboles, controlan las vistas para intentar hacer desaparecer el macizo volumen del nuevo hospital y al mismo tiempo permitir el uso de las zonas exteriores sin sentirse observado desde los edificios altos que rodean la parcela.

La planta superior del pabellón se encuentra al nivel del nuevo paseo definido por el plan urbanístico. Esta inserción en los dos niveles permite tener el jardín a la altura de los ojos desde las ventanas de la planta baja y desde de la sala polivalente superior.


El diseño interior ha sido desarrollado por Patricia Urquiola Studio que junto a Benedetta Tagliabue – Miralles Tagliabue EMBT Arquitectos consigue reflejar en cada espacio la sensibilidad y comodidad necesaria para este proyecto único.

El tratamiento de las fachadas del edificio y diseño del jardín permiten proponer un diálogo respetuoso con el entorno excepcional en el que se ubica: el proyecto da continuidad a los materiales y a la idea original de la arquitectura de Lluís Domènech i Montaner.

La planta arquitectónica del edificio y del jardín surge del trabajo en collage y recortes que el Estudio EMBT ha realizado sobre las extraordinarias cerámicas florales presentes en cada pabellón del antiguo hospital.

 

El formato de Kalida forma parte de la organización escocesa Maggie’s, creada en 1995 para asistir en psicología integral a las personas con cáncer. Se los bautizó así por Maggie Keswick Jencks, una paisajista, escritora y artista que vivió dos años con cáncer avanzado y defendía el derecho y los beneficios que les produce a los pacientes tener información, apoyo psicológico y la oportunidad de conocer a personas en su misma situación. Son veinte los centros Maggie´s de Gran Bretaña. Tienen la particularidad de ser edificios muy bellos y no es casual. Es una de las condiciones que deben tener. Fueron proyectados por importantes arquitectos que donaron sus servicios en pos de esta causa noble. Fuera de las Islas Británicas la organización fundó dos centros Con la misma lógica, al centro de Kalida Barcelona lo dibujó la arquitecta Benedetta Tagliabue. En tanto que el interior fue diseñado por la arquitecta y diseñadora Patricia Urquiola.

En Barcelona se espera que hayan visitado el Centro entre doce y quince mil personas para el fin del primer año. En sus instalaciones, los pacientes y sus ayudantes se zambullen en actividades grupales e individuales porque su filosofía (o una de ellas) es la de “atender las necesidades individuales, pero fomentando la ayuda en grupo”. Así, bien puede encontrarlos en sesiones antiestress o haciendo yoga. Porque su staff incluye profesionales formados en áreas como la piscooncología, trabajo social, enfermería especializada en el ámbito oncológico; pero también mindfulness, ejercicio físico, arteterapia o yoga, entre otras. Pero, sobre todo, en Kalida se jactan de que en su espacio “el único medicamento que se puede encontrar es una taza de té”. Porque, según declaran: “En Kālida no tratamos pacientes, sino que acogemos, acompañamos y apoyamos a las personas. Los valores de nuestro equipo operativo, ya sean profesionales o voluntarios, deben basarse en el respeto, el acompañamiento, la acogida, la escucha, la empatía, la proximidad, la ayuda y la comprensión. En Kālida no tratamos pacientes, sino que acogemos, acompañamos y apoyamos a las personas. Los valores de nuestro equipo operativo, ya sean profesionales o voluntarios, deben basarse en el respeto, el acompañamiento, la acogida, la escucha, la empatía, la proximidad, la ayuda y la comprensión”.