Hace algunos años esta diseñadora colombiana ganó el premio Diseñador Revelación que otorga una de las editoriales más importantes de su país, y desde ese momento su carrera ha ido en ascenso. Fue una de las invitadas a la pasarela de World Latin Trends, donde presentó su última colección, llamada Violeta Parra, una casualidad que agradece.

Fanática de los westerns, de las películas francesas y del director Wes Anderson, Carolina (30) siempre quiso estudiar cine, por eso se matriculó en esa carrera al salir del colegio. Pero a los dos años dudó. Buscó otra opción, y pese a que consideraba muy banal la moda, entró casi por un impulso a estudiar diseño de vestuario. La primera clase fue como un flechazo: “Sentí que eso era lo mío, fue una conexión total”, recuerda. Dejó definitivamente el cine y finalmente se tituló de diseñadora de modas en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Sus estudios los complementó en España, donde hizo una especialización en coolhunting en el IED (Escuela Internacional de Diseño, Moda, Artes Visuales y Comunicación de Barcelona) y luego se fue a trabajar con Marithé & François Girbaud, en Italia. También estuvo un tiempo en Nueva York colaborando con la diseñadora chilena María Cornejo en su marca Zero, y aunque su plan era quedarse allá, decidió regresar a Colombia en 2011 a participar en un concurso que realiza la revista Fucsia, una de las editoriales más importantes de moda en ese país. “Ellos llevan toda una vida haciendo este concurso, pero a diferencia de los otros años, en esta oportunidad uno enviaba los proyectos (antes ellos hacían un research previo y escogían al ganador). Así que mandé mi propuesta y gané el premio al Diseñador Revelación”, cuenta. Obtuvo una pasantía para ir a Colombiamoda, la pasarela más importante de su país, junto a su naciente marca, Aldea, y así debutó como diseñadora.

¿Qué vino después del concurso?

El concurso es tan importante en Colombia que uno solo sigue avanzando. Desde ese año, 2011, no dejé de hacer pasarelas, pero el año pasado quise probar qué pasaba si no las hacía; solo fui a ferias y me dediqué a ampliar el volumen de mi línea de básicos. Eso me sirvió mucho para hoy en día venderla muy bien.
Fue como un descanso… Sí, pero solo de pasarelas, porque seguí trabajando muchísimo, pero claro, las pasarelas te exigen más, aunque eso es delicioso, creo que es el momento donde uno tiene más responsabilidad creativa con uno mismo, por eso este año decidí volver.

Parte de la colección La Violeta Parra, parte II, en la pasarela de World Latin Trends, en mall Parque Arauco.

¿Cuál es el sello de tu marca, Aldea?

Las aldeas son las primeras formas de asentamiento humano y tienen una característica divina en donde todo sucede de forma natural y orgánica. Partiendo de ese concepto creé mi marca, que al final de cuentas es como soy yo, no porque me quiera tirar flores de que soy natural, sino porque creo fuertemente que en lo natural, lo simple, incluso en lo básico está la belleza, y sobre todo porque creo que la relación entre el cuerpo y la prenda debe ser una relación de amor, porque al final del día es otra piel más.

¿Cómo traduces esos conceptos en tus prendas?

Primero, los materiales que me gustan son los más naturales. El algodón es mi material preferido, trato de usarlo al cien por ciento, o también las mezclas algodón-seda y el lino, me encantan. Pero creo que la moda no solamente es la parte funcional, práctica, también es un sistema de comunicación muy importante, por eso trato de conectar ambas cosas bajo esas insignias de lo natural y simple.

¿Y tu proceso de confección es artesanal?

Trato de incluir siempre algo manual o artesanal, pero también me cuido, porque en la moda pasa mucho que uno queda encasillado. A veces dicen que propongo ‘moda ecológica’, y yo no hago eso, es muy irresponsable decirlo. Sí trato de incluirlo en la producción, pero si la colección o el tema no me dan para eso, no me sacrifico.

Cósmica casualidad
Hace dos semanas la diseñadora nacida en Cali visitó nuestro país para presentar su última colección en las pasarelas de World Latin Trends, en el mall Parque Arauco. Y por esas ‘casualidades cósmicas’, como dice, la colección trataba de Violeta Parra. “Nunca pensé que iba a venir a Chile cuando la creé, de hecho es una colección que comencé el año pasado, esta es la segunda parte. Y es la primera vez que escojo un personaje como inspiración”, dice. La colección, que fue un 90 por ciento en algodón, además de linos y seda, tenía como base los colores crudos y los acentos en violeta, todos teñidos con tintes naturales.

¿Por qué elegiste a Violeta Parra?

Me cautivó esa relación que tenía ella con la tierra, con el campo y con el campesino; en sus composiciones se siente no solo ese contacto con la naturaleza, sino también esa naturalidad con la que transmite sus sentimientos. Desde que conocí su trabajo sentí una conexión con ella.

¿Y cómo llegaste a ella? ¿La conocías de antes?

Alguna vez me la mostraron y me encantaron sus letras, su música. Pensaba en lo impresionante que era este personaje y me empecé a involucrar mucho con su vida, y ahí pensé que sería divino hacer una colección pensada en ella, para ella. Así nació la primera parte, que presenté el año pasado; en la colección actual es más lo que yo siento por ella, cómo la interpreto.

¿Sueles buscar inspiración latinoamericana?

Trato de no encerrarme en una frontera, no me gusta. Si me nacen latinoamericanas, divino, pero no es algo que busque. Obviamente la carga cultural pesa, soy colombiana y pertenezco a Latinoamérica; pero, por ejemplo, mi primera colección, llamada Láctea, nació por un viaje a Kenia.

¿Y la mujer para la que diseñas también es sin fronteras?

Sí, cuando creo pienso en la mujer en general; de hecho, si pudiera pensar en el humano sería genial (risas).

¿Cómo has logrado hacerte un espacio en un rubro tan competitivo como la moda?

Creo que está pasando algo muy lindo y es que se está entendiendo qué es un diseño de autor, y eso ha impulsado mucho a los nuevos diseñadores como yo y ha reforzado a los creadores de vanguardia. Hoy siento que las personas que van a comprar a mi tienda saben que es un trabajo único, distinto al de una tienda grande, y valoran eso. Y es distinto porque es mi forma personal de expresión. Creo que el mundo más allá de lo material es muy energético, de esencias, y al final del día las prendas están impregnadas de ellas.

¿Qué te apasionó de la moda que finalmente decidiste cambiarla por el cine?

Cuando era pequeña y estaba en el colegio me encantaba jugar con las telas. Cada vez que viajaba me compraba un pareo y me hacía ropa, o las pintaba, pero la verdad es que la moda me parecía muy superficial -yo, creyéndome la hippie (risas)-, pero finalmente lo que me cautivó es que es una forma de expresarse. Lo más lindo para mí, dentro de esta industria, es ser diseñador; poder canalizar el alma de uno a través de algo tan importante y poderoso como la ropa es increíble.