El dinero es un tema que incumbe a todos, éste no entiende de géneros, edades, ni estados civiles. Uno se acostumbra a sucumbir a él sin importar las contradicciones o circunstancias que haya en el camino.

“Los problemas financieros en la relación generan discusiones, pero en ocasiones el matrimonio tiene mucho más que esconder que simples enredos, son secretos que pueden convertirse en grandes deudas si no se descubren rápidamente”.

Es completamente normal no comentarle a la pareja gastos menores, aquellas compras que no comprometen el matrimonio en ningún sentido, y que tampoco influirá en el fondo de ahorros común.

Si la economía no es un tema de conversación frecuentado en el día a día de una pareja, es posible que se encuentren situaciones adversas y se creen desacuerdos. Algo que le ocurre a miles de mujeres españolas es un tipo de infidelidad de la que se habla muy poco; la infidelidad financiera.

La infidelidad financiera consiste en no decirle a la pareja cuánto se gana para poder pagar menos gastos, algunas personas dicen que ganan menos para poder escaquearse de ciertos gastos. Este problema puede solucionarse con facilidad fomentando la comunicación financiera en la pareja.

Si hay sospechas de esta clase de infidelidad lo mejor es hablarlo de forma directa, comentar las consecuencias que pueden emerger de la infidelidad y pensar en varias soluciones.

Confianza y acuerdos

El matrimonio es una institución en la que debe primar la confianza, en la que tanto esposo y esposa deben ser personas confiables para el otro. Donde la lealtad y la sinceridad deben estar presentes siempre. No se trata de una relación en la que tengo que cuidarme del otro y vigilarlo para que no me traicione. ¿Para que nos puede servir ocultar las finanzas y las inversiones a la pareja? Cuando oculto algo es porque obviamente no quiero que el otro se entere, es un secreto.

Existen experiencias muy dolorosas, para un hombre que está haciendo grandes esfuerzos para mantener a su familia, y en dónde hay necesidades, descubrir que su esposa con sus ingresos tiene una cuenta secreta, así como para una mujer puede ser terrible encontrar la escritura de un departamento cuando todavía no tienen casa propia y alquilan año tras año. O mujeres que esconden cuentas de ahorro porque quieren estar preparadas en caso el matrimonio termine, y hombres que tienen estas cuentas escondidas como fondos de provisión para un imprevisto, creyendo que si revelan su existencia, él otro va a despilfarrar.

Algunos argumentan que el que genera los ingresos debe tener autonomía y libertad sobre la disposición de éstos. Otros, que la esposa u esposo son muy gastadores, y que si estuvieran enterados de la realidad de los ingresos o de los ahorros se lo gastarían todo. Habrá parejas para quienes esto ya es un acuerdo desde el inicio de su relación, en dónde uno administra libremente sin dar cuenta, y compartiendo lo que le parece, Pero hay otras que no se han definido bajo éstas premisas, y justamente esperan poder compartir las decisiones económicas, más aún si son los dos los que aportan al hogar.

Un matrimonio que aspira a vivir plenamente la confianza, y alcanzar la madurez, deberían estar en capacidad de ser muy sinceros el uno con el otro, sobre lo que se tiene, y el destino que se le dará. Y en caso de desacuerdo, lo saludable será conciliar, y no por temor a la reacción del otro, ocultar.

La infidelidad económica es una crisis que podemos evitar. No se trata de compartirlo todo y perder completamente la intimidad y la autonomía, sino de llegar a acuerdos, en los que pueden contemplar presupuestos y prioridades, así como grados de libertad mutuos, de libre disposición.