“Por Un Mundo Donde Seamos Socialmente Iguales, Humanamente Diferentes Y  Totalmente Libres” Rosa Luxemburgo

 

 

Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

No hace mucho escribí una columna en Facebook, a raíz de esta mirada  #femenina que tenemos algunas mujeres con respecto de como se plantea el feminismo de hoy. Quiero aclarar, que desde siempre, trabaje por los Derechos Humanos de la Niñez, entendiendo que Los Derechos están acompañados de obligaciones y responsabilidades. Sin embargo decir esto para referirme al colectivo femenino, pareciera , ir en contra de una lucha feminista, donde todo está metido en la misma bolsa.

En primer lugar, estoy de acuerdo en que no deberíamos festejar ni celebrar el Día Internacional de la Mujer, ya que lejos de tratarse de un día festivo, y contrariamente a lo que se cree en algunos círculos sociales, su origen se enmarca en un contexto histórico e ideológico determinado por profundas desigualdades de género.

Un 8 de Marzo de 1908, 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, luego de que se declararan en huelga con permanencia en su lugar de trabajo.

Lo que vimos, el pasado 8M, fue a una cantidad innumerable de colectivos sociales, que en el mundo entero salieron a las calles en su lucha contra el patriarcado. Grupos, gremios, agrupaciones, fundaciones y ONGs del mundo entero se unieron y encabezaron de forma auto convocada un Paro Internacional de Mujeres, con reclamos -entre otros, contra los femicidios, la brecha salarial, el acoso, las desigualdades en todas sus formas, y en pos – de la igualdad, la libertad, derechos laborales, profesionales y personales.

Los medios, insisten en repetir ese suceso cada ocho de marzo, y muestran un estereotipo negativo que se ha extendido en la conciencia colectiva: la feminista que odia a los hombres y protesta por todo

Los medios,  insisten en repetir ese suceso cada ocho de marzo, y muestran un estereotipo negativo que se ha extendido en la conciencia colectiva: la feminista que odia a los hombres y protesta por todo (Esa imagen de mujer amargada y masculinizada que ha hecho mucho daño a la lucha por la igualdad; al ecologismo le pasó lo mismo cuando se comenzó a construir una imagen del movimiento como un grupúsculo de radicales irracionales) Medios que deberían cubrir el resto del año,  historias que nos siguen oprimiendo y que siguen repitiéndose una y otra vez en la actualidad.

Hasta aquí, todo nuestro esfuerzo por una lucha igualitaria de Derechos de Genero, Pero, ¿ realmente existe esa igualdad a la que muchas se refieren cuando hablan de feminismo? ¿Existe siquiera algo llamado igualdad, cuando desde el nacimiento la sociedad nos asigna una clase social, una raza y un género específico, determinando así nuestra vida entera y, dependiendo, nuestras opresiones?

Para este feminismo el concepto de igualdad es problemático, pues si se analiza de manera crítica, igualarnos a los hombres implicaría estar al mismo nivel del status quo de la sociedad actual. Y el momento histórico de esta sociedad está comandado por dos estructuras principales, que se alimentan entre sí de manera simbiótica: el sistema patriarcal y el sistema neoliberal. Ambos oprimen a las mujeres. Si hablamos de igualdad, entonces, estaríamos hablando de igualarnos a los hombres bajo las condiciones establecidas por estos dos sistemas (que fueron creados por los hombres) sin tener derecho a un cambio de sistema, sin poder remover los cimientos de estas dos estructuras que van a seguir perpetuando la propiedad privada y el libre mercado, y nuestra eliminación sistemática.

Por esta razón es que muchas mujeres no adherimos a esta forma de Feminismo Radical, que pretende hablar en nombre de todas las mujeres, imponiendo su forma de pensar y retratándonos como víctimas desde el nacimiento, de lo que llaman el heteropatriarcado. Ni aceptamos el feminismo que ve la lucha de igualdad de género como una cuestión solamente de mujeres, excluyendo a los hombres.

Así como estamos en contra, del feminismo que niega las diferencias biológicas, hormonales y psicológicas entre los sexos y atribuyen cualquier diferencia de comportamiento y preferencias entre los sexos al machismo sin analizar las causas. Porque sinceramente, visto de esa manera, la igualdad por la que algunas feministas luchan no parece serlo. Parece más bien un engaño. La otra cara de una misma moneda. Entendiendo desde otro punto de vista, que NO podemos erradicar la violencia con violencia.

Muchas mujeres no queremos igualdad, porque no queremos los mismos derechos que esta sociedad se ha adjudicado con nosotras. No queremos matar a los hombres por ser hombres, ni violarlos para ajusticiarlos, ni violentarlos psicológicamente o físicamente o económicamente hasta anularlo

Muchas mujeres no queremos igualdad, porque no queremos los mismos derechos que esta sociedad se ha adjudicado con nosotras. No queremos matar a los hombres por ser hombres, ni violarlos para ajusticiarlos, ni violentarlos psicológicamente o físicamente o económicamente hasta anularlos como personas que ocupan este mundo. No queremos que nos concedan esos derechos, ni queremos que los hombres sufran las opresiones que nosotras hemos sufrido históricamente.

Es así como esa discusión y esa celebración del feminismo como una lucha por la igualdad se convierte una discusión fútil que ayuda a alimentar la estructura patriarcal que sigue vigente.

El feminismo busca romper bases, liberarnos de ellas para poder redefinirlas. Igualarnos a ellas no va a hacer el cambio.

Creo en el feminismo, que trata  de cambiar el juego,  convencida de que el cambio debe suceder tanto en la esfera pública como en la privada, y que por eso lo personal siempre es político. Un feminismo que espera cambios estructurales y funcionales.

Es necesario visibilizar estas luchas desde otro punto de vista, y darles la importancia que merecen, sin estigmatizar nuevamente a las mujeres en roles masculinizados. Dejar de mostrar los pequeños o  grandes espectáculos u activismos, que al igual que el #macho, dan golpes informativos para intentar dejar una marca en lugar de una huella.

Somos parte de un feminismo que recorre el planeta entero tratando de acabar con la violencia y la discriminación que sufren a diario millones de mujeres en el mundo. Para ello es importante,  seguir derribando mitos, estereotipos y roles, y unirnos, mujeres y hombres feministas, para poder seguir trabajando en esos cambios, en la cama, en la casa, en las calles, en las instituciones, en el mundo laboral, en la cultura, en las escuelas y universidades, en los congresos y en las redes sociales.

El  cambio que  va a llegar cuando se desmonte ese mandato de masculinidad radical desde una postura de diferencia y no de feminismo radical. Por que solo así, la liberación no solo va a ser nuestra, de las mujeres, sino que va a ser para todas y todos.

Abrazo del Alma