Aunque parezca irreal, si la tendencia actual se mantiene, para el 2030 más de 80 millones de niñas y jóvenes pudieran sufrir algún tipo de mutilación genital femenina.

La historia de Waris Dirie pudiera competir con la novela isabelina más trágica. Cuando la artista reveló públicamente en 1995 que había sufrido mutilación genital femenina (MGF), con la edad de cinco años, el mundo se escandalizó. El mundo se horrorizó, porque Dirie era lo suficientemente famosa como para hacer que el tema importase.

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Aunque si se fuéramos  justos, confesaríamos que hace muchos años, décadas, las comunidades internacionales pudieran haberse sensibilizado. Por mediados del 90 ya eran millones las niñas y jóvenes que sufrían de ablación.

Nació en Somalia, en una modesta familia, huyó de su país a los 13 años para evitar una boda de conveniencia. Anduvo días por el desierto antes de llegar a Mogadiscio, capital de Somalia. De allí la enviaron a Londres a trabajar como criada, donde pasó su adolescencia sin saber leer ni escribir. Pero cómo en un cuento de hadas, un fotógrafo la descubrió y la llevó a las pasarelas más famosas hasta ser la portada de las mejores revistas de moda. Waris se convirtió así, en una de las modelos más solicitadas. Sin embargo, un día contó el dolor que escondía su alma y comenzó su lucha.

¿Cómo era tu familia?

Mi familia era de una tribu de pastores del desierto de Somalia. De pequeña disfrutaba intensamente de la libertad de observar la naturaleza: sus imágenes, sonidos y olores. Veíamos a los leones dormitando al sol. Corríamos junto a las jirafas, las cebras y las zorras. Perseguíamos a los damanes – animal parecido a la marmota – sobre la arena. Yo era muy feliz -relata Waris con los ojos llenos de lágrimas. Sin embargo, poco a poco, la felicidad se esfumó.

 A los cinco años ya sabía lo que era ser mujer, en África.

En mi país, las mujeres son la columna vertebral. Realizan la mayor parte del trabajo y, a pesar de esto, carecen de poder en la toma de decisiones. No tienen voto ni voz, a veces ni siquiera para decir con quien quisieran casarse. Tenía unos 13 años cuando me harte de esas tradiciones. Ya no era una niña, sino una jovencita de piernas ágiles y llena de alegría. Antes no me había quedado más remedio que sufrir, pero al volverme adolescente decidí huir de casa. Mi calvario empezó cuando mi padre me dijo que ya había elegido esposo para mí. Consciente de que debía actuar de prisa, le revele a mi madre mi plan de escapar. Pensaba en ir a buscar a una tía que vivía en Mogadiscio, la capital, ciudad en la que nunca había estado, así un día, mientras mi padre y el resto de la familia dormían, mi madre me despertó y me dijo: – Vete ya.

“mientras mi padre y el resto de la familia dormía, mi madre me despertó y me dijo:  Vete ya”

 

La historia de Waris Dirie confronta entre los desiertos de Somalia y el  mundo de la moda. Esta belleza de piel color ébano quiso contar sus memorias en un libro autobiográfico, donde enumera los momentos que marcaron su existencia, y lo hace con un fin determinado: recaudar fondos para la organización Desert Dawn -creada en 2001 por ella misma-, que lucha contra la mutilación genital femenina, una práctica tradicional de la que fue víctima cuando tan sólo tenía cinco años. “En una cultura nómada como la mía no hay sitio para una mujer soltera, así que las madres se sienten obligadas a ofrecerles a las hijas las mejores oportunidades para conseguir marido. Y como en Somalia se tiene la creencia de que los genitales femeninos son malignos, la mujer se considera impura, lasciva e incasable hasta que se le mutilan esas partes: el clítoris, los labios menores y la mayor parte de los labios mayores. Al final la herida se sutura y solo queda la cicatriz y un orificio – relata Waris – pagarle a una gitana para que ejecute esta práctica, llamada infibulación, es uno de los mayores gastos de una familia. Si no pasan por este rito, las hijas no se vuelven apetecibles como futuras esposas.

 

¿ y  cuál fue el comienzo de este calvario?

La mía es una larga historia, apenas tenía cinco años cuando sentí que el dolor en la zona genital era tan intenso, que deseé estar muerta. No podía evitar preguntarme: ¿por qué? ¿para que me hicieron esto? A esa edad no sabía nada acerca del sexo. Sólo sabía que me habían mutilado con autorización de mi madre.

En 1998 salió a la venta su libro Flor del Desierto en cual habla, entre otras cosas, de su mutilación. En 2001 publica su segundo libro, Amanecer en el Desierto, (Título original: Desert Dawn), por el cual recibe, junto a Paulo Coelho el premio Corine Award por el libro más vendido del año 2002. En 2005 publica Niñas del Desierto para el cual Waris Dirie investiga durante dos años en las principales ciudades europeas la mutilación genital entre las comunidades africanas. Con este libro comienza una campaña a nivel europeo contra la Mutilación Genital Femenina. En 2007 publica Cartas a mi madre que se convertirá en un nuevo éxito de ventas. En el año 2002 crea la fundación Waris Dirie Foundation en Viena.  Quiero regresar a África a contar mi historia y denunciar este crimen. A mis amigos les preocupa que algún fanático intente matarme, ya que muchos consideran la mutilación femenina como una costumbre sagrada prescrita en el Corán. Pero eso no es verdad: ni el Corán ni la Biblia la mencionan.

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Y en el año 2002, usted crea la Fundación Waris Dirie. ¿Cuál es la principal acción?

El primer objetivo de mi fundación es educar a la gente, de informar al mundo, de situar los debates de la lucha contra la ablación en los temas de conversación. ¡De forma que siempre esté en la mente de la gente!
Mi papel ha sido y es situar este tema en medio de la escena, sacarlo a la luz. Me encontré en medio de una aventura mediática, y ahora que ya se habla de ello, me gustaría retirarme. Tengo la sensación de que con mis propios medios, he hecho todo lo que he podido para que salga a la luz y se hable de la ablación genital femenina. He tomado todos los riesgos posibles.
 
No obstante, el tema está en manos de los hombres políticos de todo el mundo. Ya no es un problema que tengo que afrontar yo, sino todo el mundo. Ya nadie tiene excusa. Millones de mujeres siguen sufriendo. Me gustaría que de una vez por todas se viese como algo anormal.
 
 
 
 
 

¿Tu mayor deseo?

Mi mayor deseo es que en el futuro ninguna mujer tenga que sufrir esta terrible experiencia, y ese es el motivo por el que estoy luchando. Desde el día en que me salvé de morir devorada por un león, tuve la certeza de que Dios tenía planes para mí, de que había una buena razón para que yo viviera. Se que me ha encomendado una tarea y esa es mi misión. La lucha será peligrosa y confieso que tengo miedo, pero debo arriesgarme. Es lo que he hecho toda mi vida”

En el año 2013, Waris Dirie ha sido la encargada de inaugurar en Berlín la primera clínica de Europa dedicada a las mujeres que han sufrido mutilación genital. El centro médico Deset Flower prestará atención y psicológica a las víctimas. 

Según la Organización Mundial de la Salud, 140 millones de mujeres y niñas sufren en la actualidad las consecuencias de la mutilación genital.

 

Entrevista otorgada por Waris Dirie a Marcela Temes en 2013 – Nota de Archivo exclusiva revista Li