Cada vez son más las personas que advierten las diferencias de precios entre los productos de consumo masivos para hombres y los productos de consumo masivo para las mujeres, particularmente de higiene.

Esa diferencia de precios se denomina Pink Tax, o impuesto rosa, en alusión al color con el que clásicamente se asocian los objetos, gustos, preferencias, femeninos.

Para las organizaciones gubernamentales, aunque también para las organizaciones que no lo son, este sobreprecio que se transformó en un fenómeno global es una “discriminación basada en el género”.

Recientemente, el tema cobró auge porque las sospechas de los consumidores se confirmaron con los resultados de un estudio elaborado por el Departamento de Asuntos de Consumidores de Nueva York, quien en diciembre último comprobó que las mujeres pagan 7 por ciento más por los mismos productos.

También en esa época Francia hizo una investigación sobre el Pink Tax, comparando tres tipos de productos y tres tipos de servicios, llegando a la conclusión de que “el fenómeno existe pero no es sistemático”.

¿Qué pasa en la Argentina con el Pink Tax? No hay estudios similares, pero de acuerdo a un relevamiento citado por Diario Popular, en Buenos Aires se advierte que un analgésico como el Ibuprofeno de 400 miligramos cuesta 11,36 pesos más si viene en caja rosa, o que las pastillitas de las Princesas salen casi 4 pesos más que las de Cars o las de El hombre araña.

O que, por ejemplo, un desodorante antitranspirante invisible de 50 mililitros sale 3,25 pesos más para las mujeres, mientras que las maquinitas de afeitar 1,75 pesos más caras en la versión femenina.

Claro que también existen ejemplos en el sentido inverso, pero son menores. Y las diferencias que hace el Pink Tax se notan sobre todo cuando se trata de productos básicos para la higiene y el cuidado personal.