Ya con el título de mejor somelier del país (2010 y 2014) y mejor somellier de Las Americas ( 2015) Paz Levinson se ubicó entre las mejores sommeliers del mundo y aquí nos cuenta como fue esta experiencia de ser mujer y estar entre los mejores.

 

 

Durante las últimas semanas Paz se convirtió en una de las personas más buscadas por la prensa local y la industria para felicitarla y tener su testimonio, como no podía ser de otro modo Li quiso entrevistar a esta mujer representante argentina que acaba de quedar en el cuarto puesto, logrando así la mejor ubicación de un argentino en un mundial de la actividad. Esto la  ubicarse en el 11vo puesto en el ranking mundial luego de una performance histórica para nuestro país  en el Concurso que elige al Mejor Sommeleir del Mundo.

Su carrera como sommelier comenzó en Argentina donde trabajó para los restaurantes Restó y Nectarine. Simultáneamente se desempeñó como docente para de la carrera de sommelier profesional en el Centro Argentino de Vinos y Espirituosas (CAVE) donde obtuvo su diploma profesional en 2006. Su currículum se completa con su participación en numerosos medios especializados en vinos y como jurado del Decanter World Wine Awards

Paz además tiene un título de la Universidad de Buenos Aires en Literatura. En 2014 se convirtió en la primera argentina en alcanzar el Advanced Sommelier Certificate otorgado por la Court of Master Sommeliers.

 

¿Cómo e te ocurrió  iniciaste en la sommellerie?

Me decidí trabajando. Estudiando literatura tuve que buscar un trabajo para complementar mis ingresos y trabajé en varios restaurantes hasta que empecé en Restó. Ahí se me abrió un mundo de posibilidades y María Barrutia y Federico Lleonart me guiaron, enseñaron y alentaron a estudiar sommellerie mientras desde la cocina también Guido Tassi, chef de Restó, se ocupaba que sepamos todo de productos y platos. Fue así que cursé en CAVE, al mismo tiempo que trabajaba 7 turnos a la semana y que cursaba materias en la UBA. ¡No paraba un minuto! Empecé de comis, luego fui camarera y terminé como sommelier y Maître así que aprendí de todo. Por otro lado la docencia siempre me gustó así que ya llevo cinco años ejerciéndola mientras también escribo para diferentes medios.

 

Paz vive en París, donde es sommelier de Epicure, el restaurante tres estrellas Michelin del hotel Le Bristol. ¿Quién no querría tener el trabajo de Paz? Inmersa en un ambiente de lujo (el precio promedio del cubierto es de € 450), prueba cada día vinos de los châteaux más prestigiosos, recorre viñedos históricos, es invitada a degustaciones de etiquetas de todo el planeta. Con doce años de experiencia, en su mayoría en la Argentina (trabajó en Restó y Nectarine, armó cartas para Unik, hoy selecciona los vinos de lujo de La Cabrera), pero también en China y Francia, su voz se perfila como una de las más autorizadas a nivel mundial. Incluso se dio el lujo de elaborar su propio vino junto al enólogo Matías Michelini, el Chardonnay Paso del Sapo, de viñedos chubutenses.

¿Cómo fueron las pruebas del mundial y cuál te resultó más difícil o curiosa?

 

Primero tuvimos una prueba escrita de teoría, cata escrita de dos vinos y tres destilados mas un ejercicio práctico de servicio de vino en la primera etapa. Luego en la Semifinal fue un examen de 35 minutos, cata oral de dos vinos y tres destilados frente a 500 personas, maridaje y servicio.

¡Todas las pruebas son difíciles pero veces uno complica  lo fácil  y lo hace difícil! La más curiosa era hablar de la nueva cosecha de Moet & Chandon pero había una frapera con 4 botellas del 2002, yo busqué y busqué la 2004 y no la encontré, como sólo teníamos 2 minutos terminé hablando del vino en general y de la 2002. La prueba era un poco engañosa porque estaban las botellas ahí, pero bueno, a casi todos los candidatos les pasó lo mismo y pocos hablaron de la 2004!

¿Imaginabas llegar a la semifinal?

 

Era un deseo y pensé que era posible, pero uno nunca sabe qué puede pasar en los Concursos. A veces uno no se siente al 100 % o comete algunos errores que resultan tontos, o también depende mucho de los otros concursantes. Sabía que podía llegar pero después hay muchas variables que entran en juego.

 

¿Cómo sigue tu carrera ahora?

 

Mis pilares son el servicio, la docencia y la escritura, la comunicación. Pienso seguir por ese camino ya que me apasionan las tres actividades y es lo que vengo haciendo hace años. También me gustó mucho hacer un vino con Matías Michelini y me dan ganas de seguir, me gusta la viticultura y la enología de cerca, no sólo de los libros. Terminó la etapa de Nectarine para todos, fue un lugar que me permitió viajar, estudiar y estar en contacto con grandes vinos y clientes. Pasé tres años donde aprendí mucho. Estoy evaluando proyectos interesantes en Argentina, siempre en relación a vinos argentinos y de afuera, el servicio, el contacto con el cliente y la comunicación. La docencia la ejerzo en CAVE y estaré ahí nuevamente a partir de Julio.

 

¿Qué es lo que más te atrae de la profesión?

Viajar en las regiones y aprender todos los aspectos del vino. Estar en el salón de un restaurante y asegurarme de poder entregarles momentos felices a nuestros clientes.

Su maridaje favorito es…

Tengo muchos favoritos, depende de mi humor y la estación del año.

La anécdota favorita de su carrera es…

Estaba llenando un formulario para una aplicación para un trabajo cuando recién empecé en Inglaterra y no hablaba inglés muy bien. La última pregunta del formulario era: ¿cuál es tu convicción criminal? No entendí que me preguntaba si había hecho o no alguna ofensa hacia alguien entonces respondí “Sería demasiado largo de explicar”. De todas maneras, a pesar de este malentendido, me dieron el trabajo.

Lo cierto es que detrás del glamour de un sommelier de lujo, existe una exigencia mucho mayor a la imaginada. “En Epicure, el estrés es la norma. Se trabaja a presión constante, si te relajás es porque algo está mal. Nuestro director de restaurante (nada es casual, se apellida Kaiser) es justamente conocido en el ambiente por su alta exigencia”, nos cuenta Paz desde París.

Como única mujer de un equipo de ocho sommeliers (es también la única para la cual el francés no es su primer idioma), Paz suma complicaciones. “La apariencia y la prolijidad son clave. Lo que a un hombre le lleva diez minutos, a mí me toma veinticinco.