Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Tanto en la vida, como en el juego, podemos equivocarnos, acertar, tomar atajos que no nos convienen, decisiones que sí; hay infinidad de alternativas. Ni si, ni no, Ni blanco, Ni negro.

Las cosas no son sólo blancas o negras, a mi entender, no todo es un sí rotundo o un no contundente. Hay un sinfín de matices grises que no siempre son fáciles de entender o incluso aceptar.

Por eso me pareció un buen momento de hablar de la importancia en la toma de decisiones.

A diario estamos tomando decisiones. Nuestras vidas son la suma de nuestras decisiones. Cada minuto, cada día, tomamos una infinidad de pequeñas y grandes decisiones que pueden cambiar el curso de nuestra carrera profesional o de nuestra vida.  Algunas veces son fáciles y otras no tanto.

La definición de decisión proviene de la raíz latina “Caedere”, que significa, “Cortar” o “Escindir”. Cuando uno toma una decisión de verdad corta cualquier otro camino que no sea el que ha decidido convertir en realidad, y eso marca toda la diferencia.

En definitiva, si bien es cierto que  la toma de decisiones forma parte de un proceso común a cualquier directivo, implica siempre un riesgo que asumir, elegir entre dos opciones, perder o ganar.  Aun cuando desde lo real nada sea tan rotundo, si decidimos bien, estamos asumiendo la responsabilidad de nuestros actos y si no decidimos correctamente siempre tendremos un margen para poder corregirlo. El único problema serio es cuando no podemos decidir y eludimos nuestra responsabilidad por miedo al riesgo.

El conflicto entonces pareciera centrarse entre lo que debo hacer, lo que quiero y lo que me conviene.

Tomar una buena decisión consiste en trazar el objetivo que se quiere conseguir, reunir toda la información relevante y tener en cuenta las preferencias del que tiene que tomar dicha decisión. Si queremos hacerlo correctamente, debemos ser conscientes de que una buena decisión es un proceso que necesita tiempo y planificación.

Lo importante, es adoptar un enfoque proactivo es decir, debemos tomar nuestras decisiones, sin esperar a que los otros lo hagan por nosotros, o bien, a vernos forzados a hacerlo.

Pero porque hoy hablar de este tema? Generalmente siempre hablamos de nuestros éxitos, sin embargo uno crece gracias a nuestros desaciertos. Si bien las causas de cometer un error pueden ser muchas, nada mejor que poder parar y detectarlas. En mi experiencia,  mis errores han sido producto de anteponer lo afectivo por sobre lo racional y dejarme deslumbrar rápidamente.

Me encantan las mentes rápidas y lucidas, y muchas veces me ha sucedido que cuando me presentan un proyecto que parece “brillar “ he dicho sí, sin analizar los resultados anteriores de sus creadores, y exigir un buen estudio de la situación.

En el artículo: “Toma de Decisiones Convenientes Versus Reflexivas: Puntos de Vista del Este y del Oeste”, Karen A. Jehn y Keith Weigelt sugieren tomar en cuenta tanto la sabiduría del este como la del oeste. La toma de decisiones occidentales se enfoca en una rápida y conveniente toma de decisiones, basada en la premisa de que el “tiempo es dinero”. En cambio, la toma de decisión de los orientales es “paciencia y reflexión”.

Existen ocasiones en las que tomar decisiones rápidamente puede traer pobres resultados; sin embargo, mucha reflexión y paciencia puede ser, a veces, totalmente inapropiado.

Lo ideal es, entonces, combinar lo mejor de ambos enfoques.

Mi experiencia me ha llevado a tener en cuenta el lenguaje no verbal, hacer preguntas directas, llevar registros y hacer todo por escrito es fundamental a la hora de encontrar buenos resultados; usar el whatsapp y correo electrónico me ayuda a releer una y otra vez cada respuesta antes de poder decir SI o NO, facilitando un enfoque menos emocional en las negociaciones.

Si bien la intuición lleva un papel fundamental a la hora de decidir, los registros formales son la base para una buena negociación.

Si bien la intuición lleva un papel fundamental a la hora de decidir, los registros formales son la base para una buena negociación.

Entonces, conocer tus debilidades y tus fortalezas, son el principal argumento a la hora de decidir, teniendo en cuenta que el éxito está basado en las pequeñas decisiones que tomamos día a día de forma consistente y que nada es definitivo.

Decidir es utilizar ese increíble poder que todos tenemos, y que está esperando que lo utilicemos en todo su potencial.

 

 Como siempre mi Abrazo del Alma, Marcela !