Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Aún me sigo sorprendiendo cuando escucho que la gente suelta palabras al azar sin darle ningún tipo de valor, como si decir “Te quiero”, “Amigo” “ya voy” o “estoy llegando”,  fuera solo la intención de calmar la necesidad del otro.

Desde que las redes sociales existen parece que desde el otro lado del mundo alguien puede “amarte, adorarte e idolatrarte” porque le encantó tu foto de perfil, y pasas a ser “Bella” “Única” “Maravillosa” y cuanto adjetivo calificativo se te cruce por la cabeza.

Tanto desde mi oficio de escritora y periodista, como desde mi formación como psicóloga, me siento obligada a concentrarme en la importancia de las palabras, y  estoy segura que todas las personas, en alguna medida, deberían prestar atención a lo dicen y a lo que oyen, ya que  “el valor que le doy a mi palabra es mi identidad, define lo que soy, quien soy y como me relaciono con los demás”.

“el valor que le doy a mi palabra es mi identidad, define lo que soy, quien soy y como me relaciono con los demás”.

O que podríamos decir de alguien que jamás te vio y dice; “te extraño cada mañana” ,qué extraña? A mi o a sus ganas de extrañar?. O que luego de cerrar un acuerdo comercial alguien intente cambiar las reglas. Como será ese acuerdo? Seguramente un negocio que desde el inicio ha fracasado.

La palabra no solo es lo que decimos sino lo que nos decimos a nosotros mismos. Cuando decimos “te quiero” soltamos, le estamos entregando al otro, el sentido de nuestro querer, pero  también nos estamos comprometiendo, con el sentimiento y la intencionalidad del sentir.

Hay momentos de enojo, de furia o de exaltación en los que uno, sin prestar atención suelta al azar palabras como si estas no fueran a parar a ningún otro lado. Bueno no es así. Cada palabra tiene un peso en nuestra vida, el mismo peso que puede tener el silencio. Ya que de la misma manera, que el decir, es el no decir. El silencio, lo no dicho, es capaz de lastimar mucho más que las palabras

Entonces? Como saber lo que decimos y lo que no decimos en el momento preciso?, Nada más importante que ser honesto con nosotros mismos. Ghandi decía; El silencio es parte de la disciplina espiritual del seguidor de la verdad.

Entender que si decimos o callamos es porque nuestro corazón y nuestra mente así lo desean, requiere de un ejercicio de plena conciencia sobre los actos, un ejercicio que debemos hacer a diario, y que por el contrario, generalmente hacemos sin pensar o sin saber si es en realidad lo que decimos, es lo que sentimos o deseamos.

El ejercicio es

.Ser consciente de nuestras limitaciones

. Ser consciente de lo que deseamos

. Ser consciente que lo que decimos

. Ser consciente de lo que no estamos preparados 

. Ser consciente del tiempo

Muchas veces necesitamos un tiempo de meditación diario para poder saber qué es exactamente lo que deseamos para este día. Solo de esa manera podemos prepararnos para manejar los imprevistos que indefectiblemente surgirán, y que no estaban en nuestros planes. Sólo con consciencia, podremos decir NO, cuando no podemos hacerlo o decir Tal vez, si existen posibilidades, sin lanzar un SI involuntario, al que seguramente después, nos sentiremos atados, enojados o furiosos de tener que cumplir.

 

Hace muchos años, presenté un trabajo para un concurso  de Psicoterapia Familiar, en una “prestigiosa institución de Buenos Aires”. Al tiempo, nadie llamo y di por sentado que no había sido seleccionada, pero como mi espíritu periodístico siempre fue muy fuerte decidí llamar. La persona que me atendió era la directora de la institución y me dijo que esperara un momento. Mientras ella, creía que había dejado el teléfono en espera, yo escuchaba lo que sucedía en su oficina: Tomo mi  trabajo leyó algunos párrafos y llamo a un asistente para preguntarle porque ese trabajo no había sido presentado con los demás a concurso y estaba guardado en un cajón, su asistente dijo desconocer la situación. Ella le dijo, es bueno el planteo que hace esta aspirante, que paso que quedo en un cajón?….a lo que la asistente volvió a repetir No sé, desconozco de donde salió ese trabajo. Al volver al teléfono, María Rosa, así se llamaba la mujer con la que hable, me dijo: Lo siento, tu trabajo no fue seleccionado y cortó.

Pasaron muchos años y lo que en su momento fue una situación de mucho enojo pasó a ser un momento de aprendizaje. Una persona reconocida había optado por faltar a su palabra antes de afrontar con sensatez un error u omisión dentro de su institución. Cualquiera podría decir, que es algo que paso simplemente. Sin embargo, a lo largo de los años siempre me pregunte sobre qué pilares se construye un espacio terapéutico donde la palabra no tiene valor. El trabajo que presente se llamaba “Construcción o Teoría del reciclaje” ya que hablaba justamente de las posibilidades que tenemos los seres humanos de trabajar sobre los pilares que constituyen nuestra persona para ir  transformarlos a la vida que nos hace interactuar dentro del sistema familiar. “Pilares” (Pilar, del latín Pila es un elemento de soporte o sostén de un edificio, de orientación vertical o casi vertical, destinado a recibir cargas…)

Fue el primer desencanto con mi profesión de psicóloga y tal vez uno de los motivos por los que empecé a creer que, la única formación posible para trabajar con seres humanos  es hacer, sentir y decir al unísono, como personas y como profesionales, ya que las teorías se aprenden leyendo libros, pero nada de lo que habia aprendido a través de esta experiencia dolorosa estaba escrito en ningún lado.

La sensatez con la que vivimos debe tener coherencia y ser parte de nuestra experiencia diaria. Así como al levantarnos somos conscientes de que respiramos,  debemos serlo de lo que haremos y decidiremos decir.

La palabra define mi credibilidad, mi moralidad, establece si soy o no digno de confianza no sólo en lo personal sino también en lo profesional. Si entendemos que todo lo que decimos hoy influye directamente con lo que estamos siendo cuidaríamos mucho mas el qué decir.

Que “amor” vuelva a ser AMOR, amistad ,AMISTAD, “TE AMO” salga del corazón y la promesa, el juramento, el compromiso, el deber, el pacto, el convenio vuelvan a tener peso, para que  los contratos se cierren con un apretón de manos o con un beso.

Mi palabra soy yo; Palabras que acunan o sueltan. Hieren o acarician y sanan. Sinceras o falsas. Pensadas o espontáneas. Palabras que escribimos,  leemos y compartimos. Palabras prestadas, robadas, sentidas. Palabras del alma, del corazón o que muchas  veces se escapan de nuestra mente sin razón y luego pesan como una mochila llena en las espaldas. Palabras que viven en mi y se expresan a través del sonido para entender que, todo lo que decimos forma parte de lo que somos.

Hasta pronto !