La Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social realiza desde hace tres años un programa de investigación aplicada en relación con las microfinanzas y el enfoque de género. Mucho se habla de la perspectiva de género en las finanzas populares, del empoderamiento de las mujeres a través del crédito, pero en esto existe una burbuja en la que hay pocas definiciones acerca de la mujer, sus necesidades y dinámicas financieras, mucho menos en cuestión de impactos, de tal suerte que la construcción de la perspectiva de género en microfinanzas es por tanto un concepto que queda muy abstracto, con escasas traducciones o traslaciones hacia la praxis en microfinanzas.

Por ello se ha emprendido este programa de investigación en comunidades rurales, indígenas, de alta marginación, así como también se ha complementado con el análisis de distintas organizaciones sociales e instituciones financieras rurales que trabajan con mujeres rurales vulnerables, a fin de tener un entendimiento más claro de lo que significa: enfoque de género en microfinanzas rurales.

En este sentido, las investigaciones arrojan algunos aspectos clave sobre mitos, ideas preconcebidas que no necesariamente son ciento por ciento compatibles entre el concepto definido de forma académica o que parte del diseño de gabinete de una política pública y la realidad de las mujeres rurales en nuestro país.

Dentro de los principales hallazgos de estas investigaciones está que no siempre la mujer está buscando más autonomía frente a su esposo, sino muchas veces frente a otras mujeres de su familia, como suegras o cuñadas, que inciden en su capacidad de decisión y de gestión al interior de su hogar. Se ha visto que una alta proporción de mujeres, aún en zonas donde predomina el patriarcado, existe negociación entre las mujeres y sus esposos por ejemplo al momento de afiliarse a una institución financiera y al momento de solicitar crédito, en donde muchas veces la mujer queda como deudora, pero el uso del crédito se comparte para la producción agrícola familiar y una parte es utilizada por los esposos. En cambio en materia de ahorro, las mujeres en su mayoría prefieren mantener en secreto lo que tienen en sus cuentas.

Otro mito que se ha construído alrededor del micro-crédito es que éste empodera a las mujeres por el hecho de que incrementa la disponibilidad de recursos y en realidad, el ahorro genera más empoderamiento en las mujeres rurales en condición de pobreza porque les provee mayor seguridad y, en cambio, el crédito eleva el riesgo y las cargas futuras en la mujer.

Asimismo se ha encontrado que la inclusión financiera de mujeres rurales como parte del discurso internacional de la lucha contra la pobreza, el desarrollo y empoderamiento de mujeres es un concepto muy abstracto, que no necesariamente está correlacionado en la práctica de las finanzas populares. En este sentido se ha visto que una mayor inclusión de mujeres rurales en la microfianza, no implica un cambio en los roles de la mujer sino más bien, afianza los roles de género pre-existentes.

Así, se ha encontrado que las microfinanzas buscan clientes mujeres no tanto para impulsar una mayor empresarialidad o desarrollo financiero de la mujer, sino por el hecho de estar en casa, ser flexibles para asistir a reuniones grupales, ser confiables porque pueden ser visitadas en todo momento por los agentes de crédito y en este sentido responder a una sana recuperación de cartera. En otro sentido, la mujer rural resulta un canal de difusión de servicios muy eficiente, ya que por estar en casa y estar cerca de otras mujeres, resultan un medio eficaz para “juntar gente”, de lo que sí pueden desprenderse ciertos liderazgos de mujeres que empiezan convocando a otras y fungen como filtros de selección entre la oferta de servicios financieros y la demanda, por un lado, filtrando aquella oferta que se adecúa a su modo de vida y por otro, seleccionando mujeres que puedan ser comprometidas y no incumplir las normas de la institución a la que decidan afiliarse. Por ello, se ha visto que la mujer es un elemento clave en la construcción del mercado financiero rural, pero en este mismo sentido, los hallazgos de estas investigaciones muestran que la microfinanza rural mexicana, todavía está lejos de tener una comprensión más precisa de las necesidades financieras de la mujer rural y traducirla en productos financieros y no financieros, que impulsen mucho más contundentemente la capacidad productora y generadora de ingresos de las mujeres rurales.

De tal manera estos primeros hallazgos muestran que entre la inclusión financiera de las mujeres rurales como meta numérica y lograr llevar finanzas rurales adaptadas a necesidades, pero a la vez transformadoras de las condiciones de vida de la mujer rural, todavía hay un largo trecho por recorrer.