El rol de las mujeres ha cambiado, hoy no sólo son dueñas de casa y cuidan a sus hijos, si no que desarrollan múltiples labores, trabajan, son jefas de hogar y madres de familia, en gran medida, porque el entorno se los exige y porque sus ingresos son cada vez más importantes y necesarios en el hogar.

En la actualidad, es común encontrar al otrora sexo débil en cargos directivos, ya no son puestos exclusivos de los hombres y esto es porque ellas no sólo han demostrado gran profesionalismo, sino que además cuentan con competencias blandas exclusivas y que las organizaciones requieren. A pesar de lo anterior y aunque el 54% de las encuestadas dicen no haberse sentido discriminadas en su empleo jamás por su condición de madre trabajadora, un no menor 46% asegura haberlo sido, lo que deja en evidencia que aún vivimos en una sociedad machista.

De ellas, el 31% dice haber recibido tal degradación de parte de sus jefes, un 7% de parte de sus pares, un 5% del directorio y un 2% de sus empleados.

Las empresas tienen como desafío comprender y fomentar las facilidades para las madres, por ejemplo con flexibilidad laboral, de manera que puedan cumplir los múltiples roles que la sociedad les demanda hoy.

Sin embargo, según el sondeo, esta práctica no parece ser muy común, ya que el 66% de las encuestadas asegura que no recibe ningún tipo de beneficio por ser madre que trabaja, mientras que un 16% asegura recibir un par de beneficios pero que podrían ser más, un 15% asegura recibir y estar muy agradecidas de ellos y finalmente un 3% dice que reciben, pero que no le interesan esas diferencias entre sexos.