Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Por Marcela Temes dirección@w.revistali.com


Dicen que los cambios más duros emocionalmente son las mudanzas, la llegada de un hijo, un despido y bueno, el divorcio o separación. Quizá porque todos ellos conllevan un cambio drástico de rutina, de vida y de estructuras. De pronto sentís que todo lo que hacías con frecuencia, que daba un sentido quizá falso de seguridad, de un día para otro se desvanece. Te encuentras un día, como si te hubieran quitado de sopetón la alfombra de debajo de los pies.  Y si, es algo complicado verse en una situación tan frágil, pero no tiene por qué ser algo negativo. De todo se aprende, y de todos los retos, por duros que sean, se puede sacar algo positivo.

Cuando era más joven conocía a la perfección esta frase; Los cambios son desafíos que conducen a mejores oportunidades. Como psicóloga trataba de transmitirla a mis pacientes porque sinceramente la aplicaba a mi vida diaria. Pero a medida que paso el tiempo, yo también me fui acostumbrando a un mismo lugar, a un mismo hombro, a la sensación de ese otro al lado tuyo, a los mismos lugares,  aunque no sean los que hubiera querido a esta edad.

Hay días que te miras al espejo y prefieres  la misma camisa, los mismos zapatos, el viejo perfume. Haces el mismo camino para llegar a los mismos lugares e intentas por todos los medios que NADA CAMBIE. Resistes, resistes con cuerpo y alma, aun,  cuando seguir no sea lo mejor. Pero te vence el miedo.

Y es cierto, los cambios suelen aterrar y por ese motivo en muchos momentos nos  quedamos estancadas, por muy hastiadas que estemos. Nos apropiamos del refrán “mejor lo malo conocido que bueno por conocer… “ 

Sin embargo, es en ese preciso instante que debes tener fuerza para saltar y soltar….porque  los cambios son una buena manera de renacer, (me encanta esa palabra que me refiere a la transmutación al aprendizaje profundo, al poder espiritual) desprender el alma que se había abrochado a nuestra piel y lanzar por el aire los sueños que estaban escondidos en la comodidad de la rutina.

En fin, mis amigos saben que mi vida es un torrente de cambios, aun así hay momentos que me aterran, y entonces decido no subir a un avión para quedarme amuchadita en casa….hasta que me miro frente a un espejo y me pregunto ¿a que le temo? Seguramente hay algo maravilloso detrás de esta sensación de pérdida y desequilibrio que debo atravesar.

Y me animo a saltar…volver a sentir esa sensación de vértigo que hace cosquillas y que al final da risa. Me animo a cambiar y probar nuevos colores y mirar mas allá del horizonte para descubrir quién soy y volver a descubrirme tantas veces como sea necesario para seguir creciendo.

Porque lo que pierda en el camino será seguramente lo que no valía la pena seguir sosteniendo, lo nuevo será lo que me haga bien hoy, el alimento a mi sed espiritual. Los cambios nos liberan de ataduras, evidentes unas veces, invisibles otras. Pero siempre son oportunidades para el crecimiento.