Sobre las mujeres, en particular las que habitan en zonas rurales, descansa hoy la esperanza de erradicar desigualdades, llevar bienestar a la mesa, prosperidad a la familia, armonía y paz en las comunidades.
Por esa razón, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) apuesta con mayor fuerza a la igualdad de género para liberar el potencial de las mujeres rurales con vistas a terminar con el hambre y la pobreza en el marco de su Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

‘Alcanzar la igualdad de género y empoderar a las mujeres no solo es lo correcto, sino un ingrediente crucial en la lucha contra la pobreza y el hambre’, expresó José Graziano Da Silva, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Ese será precisamente el tema central del evento de alto nivel que realizará este viernes 16 de diciembre la FAO con el lema ‘Sumémonos a las mujeres rurales para poner fin al hambre y a la pobreza’.

Los participantes en el encuentro profundizarán sobre las causas estructurales y consecuencias de las desigualdades de género en las áreas rurales. Identificarán, además, los principales desafíos y oportunidades en los cuales las féminas vinculadas a la agricultura, la ganadería y la pesca pueden contribuir a transformar su entorno.

Esa meta transita por dos caminos complejos, mujer y medio rural. Es sabido que la pobreza extrema tuvo en los últimos años una sensible reducción, pero en las zonas apartadas, en el campo, todavía es muy aguda y allí se concentran las necesidades mayores.

Estudios realizados por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) demuestran que cuando los habitantes en zonas rurales se organizan y tienen acceso seguro a la tierra, a otros recursos naturales y a tecnologías, financiamiento y mercados, pueden prosperar tanto individual como colectivamente.

En sentido general, cuando las mujeres controlan los ingresos adicionales, a diferencia de los hombres, destinan la mayor parte de ellos a alimentos, atención médica, al vestido, calzado y educación de sus hijos. Nada las sustrae de esas prioridades.

Por ello, dotarlas de la capacidad necesaria para desarrollar sus potencialidades es una inversión segura a favor del bienestar de la familia, el hogar y la comunidad, que de hecho significaría apostar a las generaciones futuras y a un crecimiento económico y social a largo plazo.

Esa proyección asegura además el desarrollo agrícola, base para el desarrollo sostenible en general de las sociedades.

Las mujeres rurales, granjeras y trabajadoras agrícolas, horticultoras, comerciantes, empresarias y líderes de sus comunidades constituyen más de una cuarta parte de la población mundial.

En los países en vías de desarrollo ellas representan cerca del 43 por ciento de la mano de obra agraria, encargadas no solo de la cadena de valor agrícola de sus comunidades, sino también de producir, procesar y preparar los alimentos que llevan a la mesa en sus hogares.

Sin embargo, para liberar ataduras y desarrollar potencialidades, el concierto de voces tiene que ser grande y armónico. De ahí que la idea va acompañada del reclamo de ayuda de todos los estados miembros de la ONU, la sociedad civil, el sector privado y todos los actores relevantes.

Para el presidente de FIDA, Konayo F. Nwanze, ‘No basta con que nuestro trabajo incluya a las mujeres: se debe empoderar a las mujeres económica, social y políticamente. Las mujeres rurales pobres merecen más dinero, más estatus y más poder de decisión, tanto en el hogar como en la comunidad. Con esto en la mano ellas pueden conducir a un cambio sostenible’.

Por su parte, Tawakkol Karman, periodista y activista en defensa de los derechos humanos de Yemen y Premio Nobel de la Paz en 2011, considera que la paz no puede ser alcanzada sin seguridad alimentaria, así como no puede ser lograda la seguridad alimentaria sin la paz’.

Las mujeres – en opinión de Neven Mimica, comisario europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo- son agentes clave del cambio para superar la inseguridad alimentaria y la malnutrición y construir un mejor futuro para todos.

De ahí la importancia de superar los obstáculos para que las mujeres en general, y las habitantes en zonas rurales en particular, dejen de ser parte del problema para convertirse en un factor fundamental de su solución.