“Somos lo que comemos”, se ha dicho con verdad. En otras épocas la alimentación era bastante sencilla y acorde con el hábitat de cada grupo étnico. La industria de la alimentación ha trastocado tanto lo que ingerimos que resulta verdaderamente milagroso que hayamos podido sobrevivir hasta ahora a los 3000 productos químicos usados en ella. La proliferación de enfermedades alérgicas, de trastornos degenerativos y perturbaciones psicológicas son fiel reflejo de los efectos dañinos de los hábitos alimentarios vigentes.

En la actualidad hay miles de factores como por ejemplo, el tabaco, el alcohol, las drogas, las bebidas gaseosas y el contacto con agentes cancerígenos (PCV) y la polución ambiental urbana que generan daño en las vías respiratorias, digestivas y del sistema inmunológico. Aunque quizás el factor más grave deriva del estrés que el ritmo de vida en las sociedades industriales impone dado el alto nivel competitivo que se exige a los trabajadores.

Sabemos que es necesario comer bien para vivir mejor, porque el cuerpo necesita de alimento para tener energía y desempeñar sus funciones adecuadamente. Por otra parte, una alimentación saludable en cantidad y calidad, puede además de ayudar a prevenir enfermedades, hacer que el cuerpo funcione de manera correcta. Por ejemplo la calidad de grasa que se ingiera (con ácidos grasos saturados de estructura rígida o con ácidos grasos poliinsaturados de estructura flexible, más favorables) influirá no solo en la tersura de la piel y en la elasticidad de las articulaciones, sino en particular en el tipo de conexiones neuronales que establecerá nuestro cerebro y en la calidad, por ende, de nuestras funciones intelectuales.  La psiconeuroinmunoendocrinología nos ayuda a mejor comprender la interacción entre los distintos sistemas. Por lo tanto, se puede afirmar que lo que se come influye en el  “cerebro gastrointestinal´´, en el equilibrio hormonal, en la inmunidad  y en las funciones  neurocognitivas del ser humano.

Pero, si se quiere tener una vida saludable también se debe estar en armonía en cuerpo, alma y espíritu. Es por eso que desde el naturismo se considera a la persona humana integrada por tres planos:

  1. Plano espiritual: La vida es un profundo misterio. Nuestra existencia, nuestro origen, nuestro destino final, están enmarcados en una gran incógnita. Los valores que nos introducen en el plano espiritual son fundamentalmente el AMOR, la LIBERTAD y la AUTOCONCIENCIA.
  2. Plano Psíquico: Hipócrates y la medicina de siempre, ha considerado la influencia que los problemas psicológicos proyectan sobre el cuerpo. La medicina cuerpo-mente ha revelado la interdependencia absoluta de los procesos inmunológicos y endocrinos en relación con la corteza cerebral y la circunvolución límbica, hipotálamo e hipófisis.
  3. Plano Físico: En la biosfera en que estamos inmersos interactuamos con una serie de agentes físicos, telúricos y ambientales de diversa índole. Este plano está estrictamente regido por leyes que determinan el comportamiento de las diversas especies. El contravenir estas leyes, genera trastornos, a veces graves, que conducen a una DISBIOSIS o sea una enfermedad.

Siguiendo la línea de estos tres pilares, se podría decir que todo tratamiento naturista busca:

  • Prescribir un régimen alimenticio acorde con las necesidades del paciente. Solemos recomendar “ab initio” un régimen ovo-vegetariano hasta lograr la depuración del organismo. Luego reingresamos las proteínas de origen animal (carnes rojas o blancas) en forma moderada, con prescindencia de lacticinios y alimentos refinados a los cuales consideramos no adecuados para la alimentación humana.
  • Reordenar los hábitos de vida del paciente suprimiendo el tabaco, las drogas, el exceso de alcohol y todo otro modo de vida antinatural.
  • Exaltar la “fuerza vital” a través de cualquiera de los métodos terapéuticos conocidos: suplementos dietarios, lisados, medicamentos biológicos, homeopáticos, sales minerales, celuloterapia, terapia neural, tisanas, vacunas, nosodes, terapia alopática y cualquier recurso terapéutico que esté al alcance del paciente para restablecer ese equilibrio que llamamos eubiosis o salud.
  • Procurar minimizar el estrés que afecta la totalidad del organismo a través de consejos de vida y recursos fitoterápicos, vitamínicos, terapias florales, etc. y lograr el equilibrio en el orden psíquico, tarea que demanda un conocimiento profundo de la situación socio familiar, afectiva, sentimental y económica de nuestro paciente a través del diálogo que mantenemos en cada consulta.
  • Destacar la importancia de la columna como sostén del cuerpo y vehículo para lograr una correcta inervación neurovegetativa. El abuso de la tecnología (TV, celular, PC, notebook, etc.) nos conduce a posiciones incorrectas  mantenidas en el tiempo y a una vida sedentaria que afecta en forma notoria la salud. Por eso las técnicas de elongación, quiropraxia, osteopatías y diversas reflexoterapias serán de valiosa ayuda.
  • Atender y resolver la problemática espiritual en la medida en que esté a nuestro alcance a través de lecturas adecuadas, conexión con grupos psicoterapéuticos, círculos parroquiales, consejo de sacerdotes, guías espirituales, técnicas de meditación, etc.

En el acto médico del diagnóstico, a la semiología clásica y los análisis complementarios o diagnóstico por imágenes que debamos solicitar, se le añade el oculoanálisis, que posibilita conocer la estructura genética y comprender mejor la vasta sintomatología que suelen presentar los pacientes que acuden al consultorio naturista.

 (*) Por la Dra. Ana María Soerensen quien está a cargo del módulo Medicina Naturista del Curso Superior de Medicina Integrativa, que se dictará a partir del 30 de abril de 9 a 19 hs en la sede de la AMA, ubicado en Av. Santa 1171 – CABA. La formación profesional estará dirigida por la Lic. Susi Reich presidente de AAMI