Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Buenas madres, buenas hijas, buenas esposas,  buenas amantes, buenas amigas, buenas profesionales, efectivas, bellas, depiladas y a dieta y… sin tiempo para nada.

Cuantas veces los días se transforman en una eterna lista de actividades que parecieran limitarse a trabajar  para tener éxito en todos los ámbitos en los que nos movemos

Parece una carrera interminable que empieza cuando abrís los ojos y termina…cuando Dios quiere y nuestra cabeza nos lo permite.

 

 

Definitivamente estoy convencida que a las mujeres, nos mata la maldita manía por la perfección. Desde chiquitas intentamos ponerle color a todo aquello que los hombres resuelven rápidamente con dos líneas en blanco y negro.

 

Sinceramente eso de black and white no se hizo para nosotras. La complejidad de nuestra mente que no puede descansar y dejar ser libre a nuestro espíritu, se regocija entre todo aquello que hay que hacer para que todo “salga bien”

Nos lleva años, tiempo, terapia y más trabajo aprender a tomarnos tiempo para disfrutar y darnos cuenta que querer mejorar o hacer las cosas bien, es un deseo saludable que nos ayuda a crecer y nos permite disfrutar de la vida y del éxito, sin embargo esa carrera por ser perfectas, ( que corremos sin ser consientes del esfuerzo que ponemos) es una actitud que nos hace sufrir, nos vuelve vulnerables a la crítica y nos hace vivir constantemente estresadas.

Aparentemente, el perfeccionismo nos lleva a perseverar para mejorar y alcanzar nuestras metas. No obstante, es una trampa que nos ponemos a nosotras mismas ya que  querer “lo mejor”  muchas veces nos impide  disfrutar de “lo bueno”.

Debemos aprender a soltar el control, porque cuando dejamos de controlar a los hijos, al esposo, a los amigos a los empleados o colegas de trabajo,  les permitimos llevar una propia vida y confiar en ellos para hacerlo. Pero por sobre todo podemos ser libres y mirar desde una distancia necesaria al mundo y a nuestros afectos, para poder disfrutar.

Jesús dijo: Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme. Eso es perder el control, ser capaz de despojarnos para entregarnos humildemente al milagro de la vida.

Nada de lo que no deba suceder sucederá y todo lo que deba ser así será. Soltar y dejarnos fluir es la ley del mínimo esfuerzo ( raro no??? Justamente no es lo que aprendimos)  Esta Ley se basa en el hecho de que la inteligencia de la naturaleza funciona con una facilidad libre de esfuerzos y con una despreocupación tranquila.

Cuando nuestros actos están motivados por el amor, nuestra energía se multiplica y se acumula, y podemos canalizar la energía sobrante que recogemos y que disfrutamos para crear cualquier cosa que deseemos.

A veces pienso cuantos años he corrido tras un inútil camino que me llevara a la perfección, pretendiendo ser todo aquello que no era y que sinceramente no me interesa ser.

Como dice el refrán “Ya no quiero tener razón, hoy solo quiero tener paz”  para poder entregarme desde mi silencio y mis más sentidos actos.

Estamos cerca del Día Internacional de la Mujer, y mi manera de conmemorarlo será dejar que sea en mí y en vos de la manera más sentida, sin muchas palabras  ni redundancias. Para poder detenerme.

Dejar la carrera significa empezar a caminar, disfrutando  la maravillosa sensación de permanecer, respirar y ver reír a mis hijos.

Sin importar cuánto tiempo nos lleve lograrlo. Tal vez hoy, detenerme, sea el momento de empezar a respirar.