La ética define a una gran parte de nuestra personalidad, es la que determina nuestra conducta, principios y valores morales. Sin embargo, esta palabra es sumamente compleja, ya que lo que puede ser “bueno o malo” para una persona, lo es de forma diferente para otra. Fuimos educados y formados de manera distinta, crecimos en un entorno y en un ambiente familiar diferente, desde pequeños captamos las normas de acuerdo a la manera en que nos las dictaron.

 

Sin embargo, ¿de qué manera podemos relacionar la ética con los negocios? Diariamente salimos a la calle y nos enfrentamos con un mundo distinto al nuestro. Consideramos que hacemos nuestro trabajo bien, que somos leales con los demás y que en nuestro ambiente laboral “nunca” hemos sido objeto de algún escándalo (fraude, manipulación, espionaje, conspiración, malversación de fondos).

 

El problema está cuando nos topamos con aliados, clientes o compañeros de trabajo que difieren de nuestro comportamiento ético. En este caso, ¿nos dejamos llevar por la actitud maliciosa o decidimos conservar nuestra postura? A continuación te brindamos algunas recomendaciones.

 

Ética y negocios

Como bien lo dijo el Rey Salomón, “debemos darnos cuenta de que la moral es el principio rector individual más importante detrás de todo lo que hacemos o decimos”, incluyendo nuestro trabajo. Somos éticos no sólo en nuestra faceta personal, gremial y estudiantil, sino también en nuestra dimensión profesional. Actualmente muchas de las grandes organizaciones poseen un código de ética.

Ray Cotton señala que existen compañías que trabajan duro para comunicarle a sus empleados “valores bíblicos”, como por ejemplo: honrar a Dios en todo lo que hacemos, ayudar a que las personas se desarrollen, seguir la excelencia y crecer con ganancias. Así como los periodistas deben ser éticos a la hora de informar, evitando poner en boca de algún vocero algo que no haya dicho o aislándose de la objetividad; el empresario, gerente y empleado también deben demostrar un compromiso no sólo con ellos mismos, sino también con sus compañeros y con la propia empresa.

 

Entre algunas recomendaciones éticas, Jerry White sostiene en el libro “Honestidad, moralidad y conciencia” que debemos ser justos en todo lo que hacemos. En el caso de los empleados, deben preguntarse si realmente trabajan el tiempo y las horas completas, para recibir de la misma manera el sueldo mensual. Para aquellos que sean dueños de una empresa, ¿ofrecen al consumidor lo que le prometieron en el anuncio publicitario? ¿el cliente está pagando de forma justa por la calidad que recibe?

 

White también recomienda que se debe tener “honestidad total” hacia el empleado y los clientes. Es por ello que debemos preguntarnos si somos lo suficientemente honestos al momento de informar acerca de nuestro uso del tiempo, manejo del dinero y logros, por ejemplo. Otra pauta de la que habla este autor es la de “ser un siervo”, en el sentido de que el negocio está formado por personas que deben servir y que, por lo tanto, el valor estará en la manera en que se satisfagan las necesidades de los consumidores.

 

Debemos asumir plena responsabilidad de las acciones y decisiones que tomamos, el trabajador debe conformarse con el salario que reciba, siempre y cuando sea digno de sus capacidades y destrezas.