La Fundación INECO que preside el neurocientífico Facundo Manes convocó a la artista plástica Karina El Azem para concientizar sobre la importancia de prevenir un ataque cerebrovascular
En el mundo hay un ACV cada 4 minutos y en la Argentina existen 126.000 casos nuevos cada año. Únicamente un cuarto de estos pacientes tendrán una recuperación completa, el resto presentará secuelas neurológicas que afectarán directamente su calidad de vida.
Para concientizar sobre esta enfermedad en crecimiento en todo el mundo, la Fundación INECO ideó una original instalación artística en la cancha de River Plate.
“Mediante un cerebro armado por personas intentamos concientizar sobre el mensaje fundamental: se puede prevenir” explicó la artista Karina El Azem.
Para ello, es importante el tratamiento de la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol y los triglicéridos altos (dislipemia), el sedentarismo, la obesidad y el sobrepeso y abandonar el cigarrillo y el alcohol.
Resulta importante reconocer de inmediato los síntomas para actuar con diligencia, ya que el tratamiento precoz cambia rotundamente el pronóstico de esta enfermedad. Dentro de los signos importantes a tener en cuenta se encuentra: dificultad para hablar, debilidad súbita de brazos y piernas, asimetría facial, pérdida de la visión de un ojo y dolor de cabeza de gran intensidad.
“El tiempo es cerebro. Si se cree que alguien está teniendo un accidente cerebrovascular, se debe consultar lo más rápido posible a una guardia. Cuanto antes se haga el tratamiento, mejor pronóstico tendrá”, dijo la doctora María Eugenia González Toledo, coordinadora de la clínica de ACV de INECO.
Las estrategias terapéuticas pueden ser divididas de acuerdo a la etapas del ACV (aguda, subaguda y crónica), y deben ser puestas en práctica por un equipo multidisciplinario.
“Después del accidente cerebrovascular hay dos tratamientos que se deben realizar. Por un lado, es prevenir futuros accidentes y, por el otro, la neurorrehabilitación del paciente. Para eso es necesario un equipo multidisciplinario de trabajo, esto es fundamental”, dijo el doctor Máximo Zimerman, jefe de la clínica de ACV de INECO.
Una vez instaurado el ACV, es necesaria la realización de un tratamiento tendiente a la prevención de futuros episodios (prevención secundaria) y de forma paralela, rehabilitar a estos pacientes ya que casi el 50% de ellos presentan dificultad en los movimientos de la mano, la deambulación, la marcha, la visión y la atención, entre otras.
“Debe estar confeccionado por kinesiólogos, terapistas ocupacionales, néurofoniatras, neurólogos especializados, neuropsicólogos y neurosiquiatras. Entre todo ellos se debe generar un programa que ayude a estos pacientes a mejorar su calidad de vida y mejorar sobre todo la reinserción familiar, social y laboral”, agregó Zimerman.