Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Los cortes de luz logran de todo. Hasta hacer desaparecer mi columna editorial y en medio de un caos  de trabajo pensar que debo sentarme a comenzar de nuevo.

Pero como haría para volver a escribir lo mismo? Tal vez, no era eso lo que debía escribir. Pensé que así habían sido los días anteriores, y que también había pegado en el muro de mi face la frase “a veces para seguir, hay que empezar de nuevo”.  Recordé cuando mis hijas iban al jardín de infantes y  las maestras Waldorf  nos enseñaron que cuando aparece un agujero en el  tejido nada mejor que desarmar todo, tirando del hilo y retomar de nuevo desde el error.

Y entonces trate de concentrarme en si hablaría del amor, de las amigas, de los dolores o los sueños. Y me di cuenta que nada mejor que intentar volver a sorprenderme. Sentí que si algo había aprendido en este último tiempo fue a dejar afuera el enojo ( en este caso por haber perdido todo) para darme cuenta cual era el verdadero sentimiento.

En fin, lo cierto es que si bien es verdad que “nos enriquecemos dando y poniendo a disposición nuestra riqueza interior”  hay que soltar y entregarse a la sabiduría del Universo, y decidí entregarme.

Fue entonces cuando apareció la palabra clave “Orden”. Desde hacía un tiempo mi vida era un caos y por mas que intentaba acomodarla todo se desarreglaba y jamás concluía con mi tarea. Hasta mis espacios más cuidados estaban desordenados.

Hacia un año que estaba en obra, como mis amigas saben, amo construir y reciclar pero esto era demasiado. Un año levantando y tirando paredes, corriendo ventanas, cerrando puertas y abriendo otras…todo cargado de un intenso valor simbólico y en medio de eso trabajar, y pretender que los chicos también, estén  ordenados.

En poco tiempo me había equivocado muchas veces, ahora me daba cuenta que el ansia por querer delegar en medio de mi desorden no me dejo mirar con cautela.

Mientras escribía mire a mi alrededor. Nada estaba en orden, me dije esta no soy yo. ¿ o si ? como todos saben : Tanto el orden como el desorden son una prolongación de sí mismo.

Pitágoras decía que el orden es el más hermoso ornamento de una casa, pero Baudelaire reclamaba el desorden como uno de los derechos básicos del individuo. Desde mi formación sistémica podría asegurar que nada mejor que los puntos intermedios. Pero acá no había punto intermedio, esto era un desastre.

Ahora me daba cuenta que no eran los cortes de luz,  que la persona que me ayude se haya enfermado o que quien había elegido para ocupar un cargo era exactamente la persona menos indicada para hacerlo.

No estaba afuera, estaba en mi interior. Recordé que hacía unos días había llamado a mi medico porque no me sentía muy bien, justamente le dije que me sentía mareada, como inestable. Obviamente la vida desordenada también tiene su reflejo en lo orgánico, con síntomas y afecciones.

Nada estaba en su lugar y lo peor no sabía que hacer con las cosas. Si tirarlas, guardarlas, regalarlas. Dicen que  “Cada cosa en su sitio, y un sitio para cada cosa”, ahí estaba yo, perdida entre todas esas cosas.

Lo primero que debía hacer era “encontrar el orden” y como me habían enseñado las maestras Waldorf de mis hijas, para eso había que empezar por el principio y volver al punto de partida. Volver a mi eje.

El orden, comienza cuando puedo mirarme y encontrar en mí la fuerza del amor espiritual. Entonces debía darme tiempo para meditar, sentir y respirar sin tomar más responsabilidades que las que hoy, puedo sostener. Porque cuando para los demás parezco brillante por todo lo que hago, solo sé que estoy fuera de mi.

Tal vez llego la hora de la limpieza profunda;  De mi cuerpo, de mi casa, de mi vestidor, de mi corazón, de mi alma para encontrar dentro de mi misma el punto de equilibrio, el centro divino.

Orden es volver a encontrarnos con todo lo que tenemos, lo que poseemos, lo que somos, lo que valoramos, pero también es saber deshacernos de todo aquello que por alguna o muchas razones ya no nos es útil para nuestro crecimiento.

Si caminamos por esta vida dispersas, perdidas entre lo que hay dentro y lo que hay fuera, no estaremos nunca dentro de nosotras mismas.

Si bien es cierto que cada persona es creadora de su realidad es necesario encontrar un orden vital para mantener la armonía.

Pero qué es el  Orden vital ? Es la relación entre las personas, el espacio geográfico, el mundo espiritual y psicológico, y el cuerpo como receptor y conector con el afuera. Un orden, que por sobre todas las cosas, debe ser respetado.

Entonces, tomo mi ordenador y escribo;  Voy a  dejar de mirar afuera para instalarme  dentro de mí. Busco mi luz y me doy cuenta. Tomo lo que me pertenece y devuelvo lo que no es mío. Pero para hacerlo conscientemente y poder producir un cambio, debo quedarme quieta y respirar profundamente. ( Sabrán lo difícil que es eso para mi)

La quietud es la única que logra el equilibrio.  Volver al amor hacia una misma y permanecer allí, acogida en mis propios sentimientos. Dejar que el afuera fluya y desde ese punto comenzar a elegir, que sí y que no. San Francisco de Asís decía “Allí donde reinan la quietud y la meditación, no hay lugar para las preocupaciones ni para la disipación”.  Así sea –