Por Marcela Temes I dirección@revistali.com

A menudo me pasa, al igual que  a muchas de ustedes, que me pregunten ¿Qué es ser una mujer exitosa? Es en ese momento, cuando una intenta hacer una maniobra introspectiva para poder ser lo más auténtica posible, ante quien nos consulta, pero por sobre todo, ante nosotras mismas.

Nacemos y crecemos con roles que vienen heredados, donde ser perfectas es la medida con la cual nosotras mismas nos medimos: la mejor madre, esposa, hija, amiga, trabajadora, hermana… la mejor en todo.

Y seguramente, habrán sentido en algún momento, como que el mundo nos exigía que seamos cada vez más eficaces, más productivas, que estemos más bellas y tengamos el equilibrio perfecto entre nuestra vida profesional y personal.

Que seamos madres o hijas comprensivas y profesionales aguerridas. Tolerantes con nuestros afectos e implacables con nuestra competencia. Suaves para hacer y agresivas para decidir. Maquilladas en la calle y a cara lavada en nuestra casa. En fin, hemos vivido en un mundo paradojal, donde lo que pensamos lógico, pudo haberse tornado absurdamente insostenible.

Con el tiempo,( mucho tiempo) fuimos aprendiendo que no hay peor enemigo para toda mujer profesional que el perfeccionismo y el exceso de análisis y expectativas. La inflexibilidad, solo nos provoca sofocamiento mental y emocional. Entonces, aflojamos un poco y nos disponemos a respirar y darnos el tiempo suficiente para que el triunfo no se transforme en un atropello a nuestras emociones.

Es cierto que es importante apuntar mis objetivos, y trabajar con estrategias para definir un camino óptimo y alcanzar la meta (Éxito). Pero también es cierto, que una caída muchas veces puede ser el inicio de una evolución y que una meta puede transformarse en un nuevo y exitoso emprendimiento. Solo basta tener la capacidad de incorporar un margen de error para acomodarnos nuevamente y avanzar con seguridad.

Estoy convencida, que cada mujer logra un mejor entendimiento de sí misma, cuando comprende que nunca aparece una situación perfecta para dar su próximo gran paso. Sino que, debe tomar las oportunidades y hacer que éstas se adapten a su momento y no al contrario.

Sheryl Sandberg, actual directora operativa de Facebook,  dice “Si te ofrecen un asiento en un cohete no preguntes qué asiento es, ¡sólo súbete a la nave!”.

Esa soy yo. Siempre sentí que cuando todo está perdido, haga lo que haga siempre voy a ganar. Es decir, el terreno no siempre es fértil pero si no lo intento jamás sabré si es propicio para cultivar. Así logre que la Rosa Mosqueta que traje de Bariloche pudiera crecer en Pilar. No era el clima, ni la época, sin embargo, creció y hoy me da bellas flores para preparar mis tés en el invierno.

Esa es mi virtud, y  quiero contagiárselas. Saltar sin miedo, teniendo en cuenta las variables externas, pero respetando, fundamentalmente, al instinto.  Ese que dice AHORA SI o pone el freno y dice ACÁ NO.

Cada decisión en mi vida, tuvo que ver con estar absolutamente segura que era posible en ese momento y no en otro. Esto no quiere decir que no me haya equivocado, seguro que sí, y de eso he aprendido. Pero, podría decir que los errores vinieron más de las decisiones que surgieron de las dudas, que de las tomadas con certeza.

Y en última instancia, me inspira  animarme a ir avanzando a pesar de las dificultades. Como navegante aprendí, a cambiar de rumbo y entender que no importa cuanto tiempo lleve llegar, sino, que a donde llegue, es el lugar donde quiero estar.

Inexcusablemente siento que el lienzo siempre está en blanco, solo es cuestión de animarse a dar el primer trazo para que llegue la gran obra.

Todas sabemos que el éxito es un concepto más bien acumulativo: tener más de algo, hasta alcanzar una supuesta cumbre que nunca es la más elevada. La felicidad, en cambio, puede ser vista como lo contrario: no necesitar nada para sentirse bien.

¿Acaso ser una mujer exitosa significa  ser una buena empresaria, una buena esposa, o una buena madre o en alcanzar los más altos cargos en una industria?

Tal vez, seria lícito decir que el éxito  es tan solo una motivación  que nos impulsa como personas a proponernos objetivos para sentirnos felices en todas las áreas de nuestra vida, entendiendo que No siempre es un ÉXITO ganar, ni perder es un fracaso.

Cuando logramos ser dueñas de los errores y fracasos, asumiéndolos como parte del crecimiento podemos sentirnos exitosas.

Exitosa… ¿Qué es ser una mujer exitosa?, Siento que el éxito  es sólo una utopía, un momento, una forma de proporcionarnos satisfacción a través del deseo de otro que mira nuestra vida profesional.  Podríamos ligar el éxito a lo profesional  (al hacer) y la felicidad a lo personal ( al Sentir) y tratar de hacer una síntesis,  para que un momento, conviva  gratamente con el otro.

Entonces diría, que nos concebimos exitosas, en ese momento – solo en un momento – en el que sentimos que no necesitamos nada más que lo que estamos haciendo para estar en plenitud.

 

Abrazo del Alma

Marcela