TAI ING-WEN, DEL INDEPENDENTISTA PARTIDO DEMÓCRATA PROGRESISTA, SE CONVIRTIÓ EN LA PRIMERA MUJER PRESIDENTA DE TAIWÁN, CON UN MENSAJE DE MAYOR AUTONOMÍA FRENTE A CHINA Y DE REFORMA SOCIAL Y ECONÓMICA, ANTE LOS OJOS ATENTOS DE BEIJING Y DEL MUNDO.
El fantasma del deterioro de los lazos con Beijing y sus consecuencias negativas sobre la isla, sumados a 15 meses de caída en las exportaciones, pesan sobre el ánimo de los isleños tras ocho años de gobiernos del Partido Kuomintang (KMT), amigable con China y promotor de un acercamiento al gigante vecino.

Por tal razón, el esperado discurso de Tsai con el que inauguró su mandato reflejó el pragmatismo con el que forjó su profesión de política.

“Taiwán quiere paz, estabilidad y consenso en sus lazos con China”, afirmó la nueva presidenta de la isla, en el que prometió también “defender la democracia” taiwanesa.

Tsai prometió en su discurso “manejar los lazos con China de acuerdo con la Constitución y otras leyes”, un reconocimiento indirecto de la pertenencia de la isla a China, pero no a la China comunista.

“Mi objetivo es resolver problemas” y “entregar un mejor país para la nueva generación”, dijo Tsai, que también resaltó el deseo isleño de mayor protagonismo internacional, sin ausentarse de los esfuerzos por construir la paz y estabilidad regional, según informó la agencia de noticias EFE.

La República de China, nombre oficial de Taiwán, es “de facto” un país soberano e independiente reconocido por otras 22 naciones.

Sin embargo, Beijing nunca lo admitió como tal y la considera una “provincia rebelde” desde la guerra civil que condujo al establecimiento de dos repúblicas chinas diferentes y enfrentadas, en 1949: una comunista en el continente y otra “nacionalista” en la isla de Taiwán, la antigua Formosa.

Tras una reunión en 1992, China y Taiwán acordaron que existe “una sola China” de soberanía indivisible, pero las partes difieren sobre el significado esta fórmula ambivalente, ya que tanto Beijing como Taipei se declaran como únicos representantes legítimos de esa soberanía.

Este viernes, China advirtió que la independencia de Taiwán es la mayor amenaza a las relaciones bilaterales y que si la isla intentara ese camino “no habría paz ni estabilidad” en el estrecho de Formosa.

China califica de “ambigua” la postura de Taiwan sobre la política oficial de “una sola China”

El discurso de asunción de Tsai “fue ambiguo en el punto fundamental de las relaciones”, afirmó la Oficina China de Asuntos de Taiwán en un comunicado.

“No hubo un reconocimiento explícito del llamado Consenso de 1992 y sus implicaciones clave”, y tampoco hubo “propuestas con medidas concretas para un desarrollo pacífico y estable de las relaciones” bilaterales, agregó el comunicado.

El gobierno de Estados Unidos, en cambio, felicitó a Tsai, dijo que su asunción supone “otro hito en el desarrollo de la vibrante democracia” de Taiwán y anotó que espera fortalecer todavía más los lazos bilaterales.

“Esperamos con interés trabajar con la nueva administración, así como con todos los partidos políticos y grupos de la sociedad civil de Taiwán, para fortalecer aún más los lazos entre los pueblos de Estados Unidos y Taiwán”, declaró el vocero del Departamento de Estado norteamericano, John Kirby.

Estados Unidos es el principal garante externo de la seguridad de la isla gracias a la Ley de Relaciones con Taiwán, aprobada por el Congreso norteamericano en 1979 y por la que Washington se comprometió a suministrar armas para su defensa.

Taiwán y Estados Unidos mantienen fuertes lazos económicos y militares, pero no relaciones diplomáticas.

Tsai fue elegida presidenta el pasado 16 de enero, por abrumadora mayoría, como candidata del DPP, una formación que propugna la separación política definitiva de la isla respecto a la China continental.

La aplastante victoria del DPP, que se hizo no sólo con el control del Ejecutivo sino, por primera vez, también con la mayoría absoluta en el Legislativo, abrió una nueva era en la política taiwanesa y disparó alarma por el temor a un enfriamiento en la delicada relación con Beijing, sobre todo después de ocho años de un gobierno pro acercamiento y dialoguista con China como fue el de Ma Ying-jeou.

Pero, sin renunciar a su soberanismo, Tsai fue hoy diplomática en su lenguaje, dialogante en sus planteamientos y realista en sus objetivos.

“En este preciso momento, Taiwán se enfrenta a una situación difícil que requiere que sus líderes asuman las cargas sin dudar”, advirtió.

Los problemas, en efecto, se acumulan en el plano interior: la economía pierde impulso, el sistema de pensiones quebrará si no se reforma, la población envejece rápidamente, los ciudadanos han perdido la confianza en la justicia y el medio ambiente se deteriora con rapidez, por citar solo algunos de los más acuciantes.

A juzgar por el lugar destacado que ocupó en su discurso, y por los aplausos con que fue recibido por el público, existe un amplio acuerdo entre la presidenta y la ciudadanía en que lo prioritario para el país, por encima de las rivalidades geoestratégicas, es la economía.

Considerado uno de los “tigres asiáticos” en la segunda mitad del siglo XX, con tasas de crecimiento asombrosas, Taiwán hace frente este año a la perspectiva de una economía casi estancada como resultado de la desaceleración global y de un cierto agotamiento de su modelo económico.

Tsai, doctorada por la London School of Economics con una tesis sobre las prácticas comerciales injustas y las medidas de protección, se ha propuesto dar al país un “nuevo modelo de desarrollo económico”.

Ese modelo pasa por una “nueva política hacia el sur”, lo que significa aumentar los intercambios comerciales con los países del sudeste asiático y del sur de Asia, para “decir adiós”, en palabras de Tsai, a la “superdependencia de un único mercado” como es el coloso chino.

Reducir la dependencia de China no implica poner trabas al comercio y a los intercambios humanos (de turistas, estudiantes o familias) con la República Popular, porque eso iría en contra del objetivo de reactivación económica que se pretende.

Poco después de la toma de posesión de Tsai tuvo lugar la del nuevo gobierno, encabezado por el primer ministro Li Chuan, calificado por la prensa como “tradicional, masculino y viejo”, por incluir a funcionarios ligados al hasta ahora gobernante Partido Kuomintang, escasas mujeres, y una edad media de 62 años.

(Fuente Agencia Telám)