El 25 de octubre comienza  una exposición con 59 piezas para disfrutar a un creador único. Se verán obras de madurez del gran artista catalán.

En total, son 59 obras -18 pinturas, 6 dibujos, 26 esculturas-, pertenecientes a la colección permanente del Museo Reina Sofía de Madrid.

La iniciativa se concreta después de que ambos museos firmasen, en 2016, un convenio de colaboración. “Esta es la primera acción del acuerdo, destinado a desarrollar proyectos conjuntos”, explicó a Clarín el director del MNBA, Andrés Duprat.

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La inversión argentina insumió un total de 700 mil euros,destinados a gastos de traslado de las obras, seguros y logística. Fueron solventados en parte por el Estado y en parte por la Asociación Amigos del Museo.

La particularidad de esta exposición dedicada al pintor reside en que reunirá la producción de sus últimos años, en los que creó sus obras más rupturistas, después de someterse a un proceso de definitiva introspección. En este sentido, la muestra puede leerse como la síntesis o el epílogo de la carrera de uno de los referentes del arte del siglo XX.

Durante las últimas dos décadas de su vida, Miró (Barcelona 1893 – Palma de Mallorca 1983) concretó un decisivo viraje en su técnica de trabajo, orientado a la simplificación máxima de las formas plásticas –en pintura y escultura- lo que, paradójicamente, le permitió alcanzar el máximo de significación, sobre la base de la conciencia del acto creador.

Las curadoras de la serie, Carmen Fernández Aparicio y Belén Galán, autoras del texto que acompaña esta expo, detallan que las piezas que se verán expuestas datan de un período clave -1963 y 1983-, cuando el pintor se enfrentó a su obra con la voluntad de explotar el aprendizaje de toda una vida, con un sentido de máxima libertad y dominio de los medios de expresión.

 

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“La experiencia de mirar”

La exhibición presenta cincuenta obras, realizadas por Miró entre 1963 y 1981, pertenecientes a la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de España, con curaduría de Carmen Fernández Aparicio y Belén Galán Martín, bajo la dirección de Manuel Borja-Villel y Rosario Peiró.

“La obra de madurez de Miró reformula su apuesta al colocar su pasado bajo la óptica de un futuro incierto e invita a sumergir la mirada en una reflexión sobre qué significa en nuestra cultura capturar y comprender las formas del mundo”, sostiene Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes. “En este conjunto de piezas, intenta responder a una pregunta sobre la traductibilidad de una obra, sobre su devenir en el pasaje entre diversos soportes –la pintura, la escultura, la imagen en movimiento–, hasta conjugar su relato de base en una nueva naturaleza”, agrega.

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Miró, quien desde los años 20 se mantuvo en el centro del devenir del arte moderno vinculado a los círculos parisinos de vanguardia, inicia hacia mediados de la década del 50 un proceso de introspección, en el que alcanza la máxima simplificación de su universo. En 1956, el artista se traslada a su nuevo estudio de Son Abrines en Mallorca, diseñado por su amigo Josep Lluís Sert. En el taller-vivienda, reúne por primera vez la totalidad de su producción, lo que le ofrece la posibilidad de revisar y redefinir, directamente, toda su obra. En esta época, parte de un motivo casual o fortuito, que puede ser una mancha, una gota, una huella, un objeto encontrado o un elemento natural, recreando, por medio de este impulso, un tema frecuente en su obra: la representación de la naturaleza y de la figura humana. “Miró supera la realidad como referente para convertirla en materia y signo, y construye un lenguaje simbólico esencial que emplea en la resolución de problemas plásticos”, señala el texto curatorial que acompaña la muestra.

La exposición “Miró: la experiencia de mirar” permite acercarse a esta renovación de su pintura, en la que el artista intensifica el trabajo directo en el lienzo, abordando los grandes formatos e incidiendo en las posibilidades del gesto y las cualidades del material. Se encamina así a una simplificación, tanto en la definición de la forma como en el uso del color, para conseguir –según lo que el propio artista declaró en 1959– que “las figuras parezcan más humanas y más vivas que si estuvieran representadas con todos los detalles”.

Pintura, dibujos, esculturas y filmes

La muestra –que viajará en marzo de 2018 al Museo de Arte de Lima, del Perú– presenta 18 pinturas, 6 dibujos, 26 esculturas y dos filmes: Miró parle (Miró habla), de 1974, del fotógrafo y realizador francés Clovis Prévot, que incluye una profunda entrevista al artista, realizada en 1972, en Palma de Mallorca, por Pere Portabella y Carles Santos, en la que el pintor repasa toda su carrera; y el cortometraje Miró l’altre (Miró, otro), de 1969, dirigido por Portabella, una de las piezas más importantes de la filmografía dedicada al autor, que documenta la composición y posterior destrucción por parte del artista de un mural sobre la vidriera del Colegio Oficial de Arquitectos de Barcelona.

El catálogo que acompaña la exposición, editado por el Museo Nacional de Bellas Artes de la Argentina, el Museo de Arte de Lima, del Perú, y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de España, se propone actualizar, en el siglo XXI, las lecturas sobre la producción artística de Miró y su posicionamiento ante las inflexiones de la historia.

Como ya es habitual, el equipo educativo del Bellas Artes prepara una serie de actividades que se sumarán a la programación para introducir a los visitantes en el universo del artista catalán. Habrá visitas guiadas a la muestra, actividades especialmente diseñadas para chicos, y talleres participativos para adultos y toda la familia.

Miró: la experiencia de mirar es organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, con el apoyo de la Asociación Amigos del Bellas Artes.

En el Pabellón de exposiciones temporarias del MNBA

Del 25 de octubre de 2017 al 25 de febrero de 2018

de martes a viernes, de 11 a 20, y sábados y domingos, de 10 a 20 hs

Entrada libre y gratuita.