Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Armar una empresa, gestionar un emprendimiento o hacer realidad un proyecto es una tarea que implica un mucho más que hacer realidad un sueño. Es un constante aprendizaje, y tal vez el que más me ha costado a lo largo de estos años, fue sobrellevar los momentos en los que las cosas no salieron como estaban previstas, esos momentos que uno los llama FRACASOS.

A mi entender, son de los más difíciles de sortear, ya que nos exigen un aprendizaje rápido e intenso.

Los adultos no recordamos que los bebes y niños, aprenden por la teoría “ensayo y error” así la cuchara con comida pasa por toda la cara hasta llegar a la boca, luego de repetidos movimientos el bebe aprende a manejar la distancia, el tiempo y el objeto.

No recordamos, porque con los años la exigencia y el temor al ridículo no nos dan permiso a nada, al menos tratamos por todos los medios que si hay errores, no se noten, porque es cierto que desde afuera, muchas veces “una acción supera todo el trayecto recorrido”.

La verdad es que uno no planea fracasar,en nada. El fracaso no esta contemplado,  aunque la paradoja esté en aceptar que para alcanzar el éxito una de las competencias más importantes es la tolerancia al fracaso, y que quizás sea por esta razón que el fracaso también tiene valor dentro de las acciones que emprendemos en una empresa ( y en nuestra vida personal) .

Podríamos pensar que quien no ha fracasado tampoco está preparado para capitalizar los logros , ese es el espíritu que tenemos que incorporar al fracaso;  “salirnos del lugar del lamento”, de culpar el afuera, de buscar excusas, porque si  bien hay razones para que algo salga mal, la mayor parte de las veces, las cosas no son y punto y no hay explicación clara, y eso hay que saber aceptarlo.

Como empresarias y emprendedoras, debemos aprender que una manera  saludable para el cuerpo y para el corazón, es descubrir las lecciones que nos deja el fracaso y aprovecharlas.

Cuando aprendemos realmente de nuestros fracasos es porque hemos alcanzado la  autoestima, no solo personal sino de nuestra empresa o proyecto, y eso es crecer. Podemos decir si salió mal, analizar las fallas y seguir avanzando o comenzar algo nuevo, sin paralizarnos. Lo mismo sucede en el amor hacia nuestra pareja, hacia los hijos, los amigos y por sobre todo “Hacia nosotros mismos”.  Salir de los sentimientos enfermos, posesivos y obsesivos en nuestra empresa y dejar que las respuestas fluyan con calidez. Esto no es abandonar los objetivos, por el contrario es limitar a que las fallas, se lleven por delante las buenas acciones.

Todo en la vida termina siendo cuestión de perspectiva. Los errores o aciertos, como tal, no definen quién eres o hacia donde vas. Es tu actitud hacia estos momentos lo que va a definir si eres exitoso o no. Entonces, Somos capaces de perdonarnos? De tolerar la imperfección?  De mirar hacia adelante y entender que lo que paso es irremediable porque forma parte del pasado?  Podemos pensar que nuestra empresa tiene una energía vital y que no siempre esta preparada para estar en alza?

Si es así, es que vamos por buen camino y estamos preparadas para alcanzar un estado superior.

La buena noticia es que seguirás equivocándote, seguirás exponiéndote al fracaso. Y eso está bien, porque  solo significa que inevitablemente, formamos parte de un ciclo vital donde no todos son éxitos.

Hasta la próxima !!