Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Todos los días de alguna manera y en algún lugar alguien habla de amor, como si la palabra se hubiera metido en lo cotidiano, a veces desde la profundidad del Ser y otras desde lo superficial del uso (y mal uso).

A mi me gusta cuidarla, porque siento que el amor es una palabra inmensa que vive en lo profundo, es como algo íntimo e inmensamente propio.

En realidad el amor, fue  analizado hasta el cansancio por filósofos, sociólogos, psicólogos y poetas, pero es verdad que hoy, la rapidez de la vida o de la necesidad humana, han hecho que el amor , además, sea objeto de investigación por parte de biólogos, bioquímicos, neuroquímicos y neurobiólogos, que reducen el amor, en un efecto químico.

Para estos expertos -nada románticos – el amor es  el aumento del ritmo cardíaco, algo de sudoración, un enrojecimiento de las mejillas, un juego de neurotransmisores, olores y estimulaciones químicas.

Los órganos de los sentidos son las puertas por donde penetra el amor a nuestra humanidad para extenderse por todo el organismo y convertirlo en una batalla campal, hormonal.

Por eso se dice que el amor, cuando no es ciego, entra a los hombres por los ojos y a las mujeres por los oídos.  A ellas les seducen el sonido y las promesas de la voz, y a ellos, lo que sobresale de ellas, en forma e intensidad. 

Obsesionado o ciego, el amor –dicen los científicos– se nos mete también por las narices en forma de moléculas de bajo peso llamadas feromónas, que viajan por los aires y han sido el resultado del aroma particular que secretan las glándulas sudoríparas del otro, esas que salen de sus axilas y su entrepierna.

Cuando el olor indicado es percibido, comienza  un proceso inquietante no percibido por la razón. La vista busca el origen de la perturbación y si logra contacto visual, produce una descarga eléctrica en el cerebro, que secreta feniletilamina, una sustancia como aquel perfume de rosas que Ismael Rivera aseguraba en el alma de su amada.

Hoy, conocemos a alguien, y rápidamente, queremos besar, abrazar, sentir, cuando apenas unos minutos nos unen a ese otro que es casi un desconocido, sin embargo creemos perdernos allí…allí donde aún  no hay nada para los románticos y todo para la ciencia. 
 

Zygmunt Bauman, sociólogo polaco, escribió en uno de sus ensayos que nuestros tiempos son los tiempos del “amor líquido”.  Al referirse a  lo “líquido” como descripción de lo moderno, hace referencia a otra de sus obras, llamada “Modernidad líquida”, en la que describe a lo sólido como todo aquello que se comporta como tal, en el sentido químico, es decir, tienen enlaces fuertes, es estable, posee una forma definida, conserva su forma por bastante tiempo y es generalmente pesado, además de permanecer en el tiempo y ocupar un lugar determinado en el espacio.

Se me hace difícil definir el amor, porque el “HOY” esta de moda, y eso muchas veces justifica el hacer YA,  por encima de respetar los tiempos de crecimiento y  madurez,  que a mi entender, nos enseña a amar , mirando las huellas que dejamos y la que otros han dejado sobre nuestro corazón.

Rápidamente decimos, “te extraño”, “te quiero”, “te siento” como si la fuerza de la química prevaleciera sobre el sentir del alma. Tal vez deberíamos preguntarnos si el amor comienza por nosotros mismos, debemos arrojar, sin saber en donde, nuestra fuente divina ? 

El “HOY” esta de moda, y eso muchas veces justifica el hacer YA , por encima de respetar los tiempos de crecimiento y madurez

Sera que el amor, en su naturaleza, es solamente espiritual ?  y el amor físico (sexual y erótico) es apenas su reflejo en el plan físico ?. Para el budismo, cuando un alma se une a su otra alma el placer espiritual es superador al placer físico, porque el amor espiritual logra un encuentro ideal, en el tiempo cierto, con el alma perfecta.

Tal vez, en estos tiempos de constante movimiento donde prevalece el amor liquido, la química y la adrenalina del encuentro y la conquista, los sentimientos profundos sean para muchas personas un esfuerzo por el que no están dispuestos/as a atravesar, perdiéndose la oportunidad de poder sentir la plenitud del verdadero amor; aquel que solo se logra en la quietud del atardecer.

 Hasta pronto !
Marcela Temes