Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Por Marcela Temes dirección@w.revistali.com

Respirar es una acción que mayormente hacemos sin pensar. Nos ´preguntamos cómo estamos vistiendo, como estamos hablando, que estaremos sintiendo. Pero respirar? Seguramente que si no tenemos ninguna dolencia, no. Es difícil detenernos y preguntarnos  como estamos respirando?

Pero llega un momento en el que necesitas pararte, respirar hondo y mirando alrededor te decís  ¿Qué carajo hago ahora?  Si bien para muchas mujeres la incertidumbre es un estado de incomodidad, desde hace muchos años aprendí a aceptarlo como ese paso cuanti/cualitativo existencial que me ayuda a avanzar.

Es ese momento en donde me puedo detener para reformularme, desde lo profundo e intenso de mi Ser; fuente vital de toda vida, hacia donde debo ir.

Será que los días femeninos son abruptamente terribles, al menos siempre lo fueron para mí, y la verdad es que nadie quiere hablar de ello flojamente.

Siempre se intenta darle un sustento de cientificismo, psicologismo y teorizar lo que en realidad es un cambio total en la vida de todas las mujeres durante  4, 5 o 7 días.  Seguro que son estos días los que también me invitan a reflexionar y encontrarme.

Porque entre la pasión del amor y el desamor una siente que se derrama para volver a comenzar un nuevo ciclo. Si entendemos esta gran diferencia que tenemos con los hombres, seguramente no seguiremos intentando forzar, la necesidad de igualarnos.

Tal vez las  feministas se enojen con estas palabras, pero adoro las diferencias. Y sí creo, que las diferencias físicas son la gran posibilidad que tenemos para equiparnos con el otro.

Pero, ¿qué tiene que ver esta intención de detenerme a respirar con la menstruación y la diferencia de género?

Mi hermana un día me dijo “Si hicieran una estadística del suicidio en las mujeres seguramente muchas estarían en sus días previos a la menstruación” Sera? Nos deprimimos, nos enojamos, nos ocultamos, lloramos, cambiamos. Es que nuestro organismo cambia sin pedir permiso y de pronto parece derramarse.

No aprendimos a vivir el cambio como una alternativa de bienestar y perpetuidad.

Pensemos que en la edad media “la menstruación” fue un símbolo de brujería y tabú y que en algunas culturas indígenas se consideraba que la adolescente al recibir su primera regla era poseída por los malos espíritus.  Y así hemos sido criadas muchas de nosotras, casi como si hubieramos que ocultar ( la sangre, que es también memoria, dolor, incertidumbre etc) y no dejar ver “los trapitos al sol”.

No sé si me animaría hoy a pintar cuadros con mi menstruación como lo enfatizan algunos “especialistas del arte conceptual”  tanto es así, que en México,  se realizo un “Concurso nacional de dibujo y pintura menstrual, pero si sé que deberíamos comenzar a vivir nuestros ciclos con la misma vitalidad con la que respiramos.

La sangre menstrual es la energía femenina, lo que alimenta nuestro cuerpo y espíritu.

Cada mujer desde la pubertad hasta su madurez vive procesos de contracción y expansión cada 28 días. Estos 28 días coinciden con los ciclos lunares. Cada ciclo lunar está asociado a un arquetipo dentro del ciclo de la creación. Así la luna llena representaría el ovario fecundo o el ovario no fecundo, que es devuelto a la tierra. La semilla de vida es retornada en forma de sangre o en la manifestación de un nuevo ser.

Si pudiéramos aprender y sentir que no somos  “ciclotímicas” sino que vivimos la vida en ciclos de cambio y transformación, podríamos disfrutar la vida, inspirándonos sin derramarnos.

”Cuando una mujer abre su consciencia, su actitud modifica la consciencia femenina colectiva” ( Guauuu que responsabilidad si nos hacemos cargo de esto….)

Pero es cierto que si comenzamos a disfrutar de los ciclos y cambios de nuestra vida, de la misma manera podemos despedir esta etapa fecunda para abrirle paso a nuestra vida sabia; la menopausia, como el reconocimiento de lo aprendido.

Entonces debemos aprender a realizar la misma acción que hacemos al inspirar profundamente; hondo, para exhalar suavemente, sin derramarnos. Como una manera de entregar el amor que hemos recibido.

Esa es nuestra vida mujeres, un ciclo de 28 días. Lunas Nuevas productivas y propicias para crear. Lunas crecientes que inspiran el camino de los nuevos proyectos. Lunas llenas para disfrutar y Lunas Menguantes para descansar abrazando la vida y a quienes están cerca.