Aunque no seamos concientes, aprender implica operaciones mentales muy complejas, pero la novedad, aquello que debemos siempre tener en cuenta, tal como lo demuestran los últimos avances en neurociencia, es que las emociones que se generan favorecen, o por el contrario dificultan el aprendizaje

Sin dudas para que el proceso de aprendizaje se produzca es necesario que los que aprenden quieran aprender.

Por ende: El entusiasmo siempre favorece el aprendizaje.

Así se transforma indudablemente en un estimulante para el cerebro, facilita la sinapsis  entre las neuronas y potencia las operaciones mentales. Sin embargo,  el entusiasmo para aprender  se suele convertir en una tarea muy complicada.

Pensando en nuestro actual sistema educativo, que tiene aún el sello de la vieja educación, es el mismo contenido y las mismas ejercitaciones y estrategias para todos por igual. Un tema tan común en el lenguaje cotidiano como las inteligencias múltiples apenas suelen tenerse en cuenta. Tanto en los colegios como en los hogares, se pretende que los chicos sean buenos para lo que el sistema antaño pide: lenguas y matemáticas.

Se  usan  métodos obsoletos, no se respeta la subjetividad, no se les dan las condiciones necesarias que la neurociencia marca como condición sine qua non para el mejor funcionamiento del cerebro, la materia prima para aprender. Cosas tan básicas como permitirles tomar agua, comer algo dulce antes de un esfuerzo mental. Moverse… entre otras.

Se sigue pidiendo  en un acto mecanizado, reglado, con pocas probabilidades de cambiar, crear, construir, hacer. Todo esto sin dudas va de la mano de la  desmotivación, nada de  entusiasmo  y por lo tanto  menos aprendizaje.

Ahora todos debemos cada uno desde sus lugares devolver este entusiasmo y hacerlo real y posible.

•          Para eso debemos hacer que elijan el  cómo prefieren aprender, escuchando, dibujando, caminando, grabando, conectando. Solos, en grupo,  podemos darles opciones ayudarlos a descubrir de qué manera pueden gozar de aprender y automotivarse.

•          Respetarles siempre  su propio ritmo.

•          Tenemos que mostrar entusiasmo ante lo que nos cuentan, sus curiosidades, los temas que ven en la escuela!!!   Está demostrado que las emociones se contagian. Sumemos alegría a sus tareas, no desgano y queja frente a los desafíos que la escuela les plantea.

•          Pedirles que usen sus palabras, sus maneras, no que copien o repitan. Ayudarlos en el desarrollo de la creatividad.

Ayudarlos a entender que aprender es un proceso y tiene diferentes momentos a transitar, que  es normal no entender, no poder, necesitar de más o menos esfuerzo según el tema y que siempre pueden buscarse nuevas alternativas. La manera es poner todo de sí y motivarse para llegar a cumplir el desafío. Son si todos toleramos  frustraciones podemos  mantener el entusiasmo.

Cuando los chicos pueden ver la utilidad de un contenido o aprendizaje el entusiasmo se multiplica, dado que el cerebro le dice: Vamos! Esto te sirve! Ahora o en el futuro!

Todos somos parte de la educación y esta está en todos lados… como madres tenemos que priorizar siempre el manejo de las emociones y transmitir entusiasmo a todo lo que hacemos.

 

Lic. Erica Miretti

Licencia en Psicología UBA – MP:33778 Docente – Coordinadora del departamento de Orientacion de los 3 niveles del Colegio Norbrige Pilar