El arquitecto mexicano Fernando Romero es uno de los líderes de la arquitectura contemporánea en América Latina. Sus innovadoras tesis urbanas y de diseño siempre se han destacado, primero durante sus años de estudio en la Universidad Iberoamericana de México, y luego como colaborador del estudio OMA, del arquitecto holandés Rem Koolhaas.

 

Durante los tres años que trabajó en OMA, Romero participó activamente en varios proyectos, entre ellos el diseño de la Sala de Conciertos de Oporto, en Portugal. En estos encargos adquirió las bases necesarias para iniciar su carrera en solitario, caracterizada por un discurso teórico que brinda protagonismo a la tecnología y al desarrollo sostenible.
Desde su estudio, llamado FR-EE, Romero hace proyecciones de ciudades modelos en Centroamérica; diseña estructuras esculturales de aluminio, como el nuevo Museo Soumaya de Ciudad de México, y construye un complejo de edificios autosuficientes en Chile. Y desde su sede de Nueva York, dirige proyectos como la sede del New Art Museum.

¿Qué significa ser un buen arquitecto en la actualidad?

Es un privilegio poder dedicar la vida a diseñar edificios que puedan ser utilizados por la gente, especialmente en un momento como el actual: pleno de información y diversidad. La arquitectura, con su combinación de velocidad y lentitud, ofrece una oportunidad única para traducir un contexto histórico particular.

¿Cuáles son los problemas que deberían ocupar la mente de los arquitectos hoy?

El cómo resolver problemas de la base de la pirámide social y como participar de una manera más activa en la implementación y diseño de infraestructura en los países emergentes. Es por esto que nuestra oficina tiene un programa social llamado “Sube”, donde conectamos a diseñadores con personas de la base de la pirámide. O con nuestra iniciativa “Archivo”, cuyo fin es promover la cultura del diseño a través de exposiciones y talleres abiertos al público.

Pareciera que la hora de la arquitectura espectáculo llegó a su fin, para dar paso a una arquitectura más preocupada por la durabilidad de los materiales y los presupuestos.

Es verdad que la reflexión sobre la arquitectura espectáculo ha dejado de ser interesante. Sin embargo, más allá de la agenda de los premios y las publicaciones, la arquitectura al final debe tomar la tecnología de su tiempo y producir edificios que representen su momento. El Museo Soumaya, más allá de su forma, es un edificio que se conecta con el programa arquitectónico y con el momento del país.

¿Como materializa en los edificios sus conceptos de sostenibilidad ambiental?

Colaborando con ingenieros de diferentes disciplinas, el arquitecto busca encontrar soluciones que permitan operar al edificio de manera más sostenible, aplicando no solo tecnologías de vanguardia, que muchas veces son demasiado costosas, sino soluciones de bajo costo y sencillas de implementar. En el Centro de Convenciones de Los Cabos, el muro verde reduce el calor del edificio y otorga una mayor humedad natural, así como el techo capta la energía solar y la transforma en energía eléctrica.

Según su experiencia, ¿Cuáles son las características que definen a un edificio de nuestra época?
Los edificios siempre deben ser el reflejo de su época. Por eso se deben utilizar tecnologías de vanguardia para que puedan responder a las preocupaciones de hoy, como el cambio climático y las necesidades de la economía.

LAR /Museo Soumaya

Háblenos de los proyectos que se encuentra desarrollando en este momento.

Es un gran momento para nuestras dos oficinas, en México y Nueva York. Desde allí estamos haciendo edificios singulares con soluciones de gran innovación en sustentabilidad y que contribuirán de manera significativa a la consolidación y desarrollo de sus contextos. Se encuentran en lugares tan diversos como Miami, Nueva York, Juárez, México D.F., Querétaro, Lima y Chile. Además. Estamos trabajando en nuestro próximo libro que será un compendió del trabajo realizado durante los últimos diez años, y que además será nuestra primera publicación en español.

Algún sector de la crítica considera que sus proyectos son más ejercicios conceptuales que soluciones reales de arquitectura ¿Qué opinión tiene al respecto?

A lo largo de la historia de la arquitectura, ha sido común que se diseñen proyectos que en su momento histórico no se podían construir. Es decir, desde el siglo XV se diseñaban de manera pictórica edificios que no se construían necesariamente, pero que eran referentes. Hoy hay cientos de arquitectos que piensan soluciones que se pueden construir, pero que no las van a hacer porque no están en posición de hacerlo, así como hay cientos de arquitectos que diseñan edificios referentes pero que con la tecnología actual no se podrán construir, igual como pasó en el siglo XV.

¿De que se trata el proyecto de la “ciudad ideal” que está proyectando en Guatemala?

Estamos pensando una nueva ciudad que se llama Free City, la cual presentamos en Nueva York el año pasado. Se trata de un polo de desarrollo con nuevas condiciones sociopolíticas que incentivan la inversión de capital extranjero. El gobierno va a hacer toda la infraestructura urbana básica, y esperamos que compañías internacionales se instalen allí para generar empleo. Con esto esperamos reducir la migración de personas del país, y crear beneficios a los países vecinos que requieren empleo urgente.

¿Podría decirse que esa urbe utópica es una representación contemporánea de la Brasilia modernista?

Interesante metáfora; podría ser.

¿Conoce Colombia? ¿Ha tenido algún acercamiento a su arquitectura?

No, pero tengo planes de visitar este gran país en los próximos meses. Me interesa mucho el potencial que tiene su economía, así como su capacidad de desarrollar arquitectura extraordinaria. Quiero aprovechar este viaje para visitar obras de Rogelio Salmona a quien tuve el privilegio de invitar a México cuando era el presidente de la Sociedad de Alumnos en 1994. El tiempo pasa muy rápido, eso ya fue hace casi dos décadas.