The New York Times’ la incluye entre los seis economistas financieros más influyentes del mundo por sus investigaciones sobre educación financiera, que interesaron a la Administración Obama.

La catedrática de Economía Annamaria Lusardi (Piacenza, Milán, 1962) asegura que ha sido su perseverancia la que le ha llevado a ser considerada hoy una de las economistas financieras más influyentes del mundo (el New York Times la sitúa entre las seis primeras en el área de reforma financiera). Lleva más de una década investigando cuál es el nivel de conocimiento de la gente (lo que ella llama alfabetización financiera) sobre préstamos, créditos o productos más complejos, como las tan conocidas participaciones preferentes en el caso de España. Una temática que se puso de moda con la crisis y que arroja una conclusión básica: en los países desarrollados se sabe bien poco sobre este tema.

El equipo de Barack Obama la contrató en 2009 para sentar las bases de un sistema de recopilación de datos dentro del área de Educación Financiera del Departamento del Tesoro. “Me sorprendió que confiaran para este trabajo en alguien que no era ciudadano de EE UU”, confiesa. También colabora con la OSCE en la elaboración de sus famosos informes sobre el nivel de estudios y conocimientos de los más jóvenes. Hoy compagina esa labor con sus clases en The George Washington School of Business.

 

¿Realmente es posible que la ciudadanía esté al tanto de la enorme cantidad de productos financieros disponibles?

 

El mundo ha cambiado. Han surgido gran cantidad de productos complejos. Y eso lo complica todo, porque en este caso no podemos aprender de las generaciones anteriores. Esa es una de las razones por las que necesitamos mejorar la alfabetización financiera. Para moverse por los nuevos mercados hace falta tener un conocimiento muy avanzado. Durante la revolución industrial, quienes no sabían leer ni escribir no podían participar activamente en los cambios que vivía la sociedad. Creo que sucede lo mismo hoy con las finanzas. Quienes no estén versados en este campo no pueden participar en el mundo moderno.

 

¿Hay diferencias geográficas en cuanto a este tipo de formación?

 

Hemos estudiado el nivel de alfabetización financiera por todo el mundo y hemos visto que es plano, parafraseando a Thomas Friedman. Me refiero a que hay grandes similitudes entre distintos países: es bajo en la mayoría. Lo cual es normal porque, si no te lo enseñan en la escuela, ¿cómo se supone que te deberías enterar? En la práctica, las personas aprenden con la experiencia, lo que puede comportar la pérdida de dinero, y de la gente que está a su alrededor, que además puede que no sepan demasiado.

 

 ¿Qué tal se defienden los jóvenes?

Tienen un conocimiento financiero muy bajo en todo el mundo. Y es dramático, porque son un colectivo vulnerable: deben tomar decisiones importantes. Si la gente empezase a ahorrar a una edad temprana, tendría facilidades de cara, por ejemplo, a la jubilación.

 

En España no hay demasiada tradición entre los jóvenes de ahorro con planes de pensiones privados…

 

Ciertamente. Los jóvenes de hoy son una generación en desventaja: por bien que vayan las cosas, van a tener que cargar con una población cada vez más envejecida, y depende de ellos cómo lo hagan. Es un gran desafío, ya que deben pensar cómo cuidar a los mayores y al mismo tiempo encontrar nuevas maneras de protegerse ellos mismos en el futuro. Por eso creo que es importante empezar a ahorrar cuanto antes.

 

¿Sabe lo mismo un joven europeo que un estadounidense?

 

No. En Estados Unidos están mucho mejor informados. Creo que una de las razones es que el coste de la educación ha subido mucho y ellos son los que suelen pagarse sus estudios, por lo que se endeudan desde muy jóvenes y aprenden antes cuáles son las consecuencias de cometer errores. Toman decisiones financieras muy importantes desde los 16 años: a esa edad muchos se compran su primer coche.

 

¿Cree que impartir o promover la educación financiera forma parte de la Responsabilidad Corporativa de las entidades financieras?
Sí que lo es. Las instituciones financieras viven en comunidad y es importante entender lo que esta comunidad necesita. Aunque mi recomendación es que todo el mundo sea un embajador de la educación financiera, que la pidamos en nuestras escuelas, que pidamos a las empresas que apoyen con materiales, con la formación del profesorado, etc. No necesitamos grandes iniciativas, podemos empezar por la escuela e ir construyendo. Y así, al menos, lograremos formar a los jóvenes, que son el grupo más vulnerable en este nuevo mundo económico.