Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Muchas veces ignoramos que hemos llegado a esta vida para ser felices, y eso no significa estar saltando en una pata durante 12 de las 24 horas de nuestro día, sino, encontrar el equilibrio que está en nuestra respiración, en nuestro ritmo cardíaco, en nuestro latir cotidiano, en nuestro poder para AMAR Y DISFRUTAR.

Pero ¿Porque nos cuesta tanto despertar y sonreír, al tiempo que abrimos nuestros brazos al mundo?

Mientras pensaba en escribir esta columna, nuestro Papa Francisco me gano de mano, y viralizó en la red una preciosa columna sobre la felicidad. No es casual, evidentemente la felicidad es algo que no solo me preocupa a mí  en este aquí y ahora , sino una condición que nos falta reconocer a la mayoría de las personas.

Digo reconocer, porque lamentablemente nos lleva muchos años entender que aquello que buscamos estuvo siempre junto a nosotros. Como escribió Francisco” Ser feliz es dejar de ser víctima de los problemas y volverse actor de la propia historia”

Nos equivocamos cuando creemos que la felicidad se convierte en el destino final en lugar de ser el camino. Un camino que se construye con hábitos, que solo dependen de nosotros mismos.

Dalai Lama  dijo “La felicidad no es algo ya hecho. Llega de tus propias acciones”.

Nos equivocamos cuando creemos que la felicidad se convierte en el destino final en lugar de ser el camino. Un camino que se construye con hábitos, que solo dependen de nosotros mismos.

Pero como lograr ser feliz, no solo en momentos esporádicos, sino de forma continua?

Dicen que la felicidad hace a las personas más altruistas, aumenta la autoestima y relaciones personales, mejora las resoluciones de problemas e incluso fortalece el sistema inmune previniendo enfermedades

Si sumamos todas estas ventajas, es obvio que todos queremos esa rebanada de pastel a la que llamamos felicidad.

Aunque paradójicamente, si bien todos queremos ser felices, nos es difícil  saber exactamente cómo, crear esa felicidad en nuestro interior.

Algunas investigaciones en las neurociencias aseguran que una de las claves para ser felices es lograr crear hábitos. Sí, al contrario de lo que la mayoría piensa y dice,  la rutina con pequeñas variaciones, podría hacer que nuestro cerebro logre  entrenarse para disfrutar más y mejor.

Y si el cerebro es capaz  de  modificarse cada vez que aprendemos, las personas podríamos cambiar, logrando ser más receptivos a la felicidad o, por lo menos, al bienestar y al placer.

Seguramente muchos psicoanalistas no estarán muy de acuerdo con estas teorías, sin embargo si lo llevamos a la práctica quienes ejercemos diariamente una meditación sabemos, que cada día que pasa, vamos incorporando nuevas sensaciones y emociones que nos transforman.

Entonces ¿Ser feliz es una práctica? Seguramente . Así como muchos se acostumbran a vivir en la tristeza otros aprenden a vivir en la armonía de la felicidad. Lo importante, es saber que podemos cruzar la calle y cambiar de camino, no como un acto mágico sino con esfuerzo y trabajo, pero disfrutándolo; AMAR Y DISFRUTAR, (LOVE & JOY)

Sin confundir que amar no es el acto de entregar hacia afuera sino, el gozo por tu vida, única fuente desde donde podemos entregarnos.

Pero porque si lo sabemos no lo hacemos? Muchas de nosotras vivimos y fuimos educadas en una cultura de “Sacrificio y culpa”  donde parecía que disfrutar y ser feliz era un descanso, un tiempo, casi como las vacaciones,  no parte del camino.

Llevamos siglos haciendo esa gimnasia macabra de anticiparnos al drama y vivir en nuestros pensamientos miles de calamidades que seguramente nunca llegan a existir.  Bueno, hagamos  lo contrario. Seamos felices sin esperar más. Es nuestro tiempo para sanar.

Empecemos a reír al despertar, al estirar los brazos, al meditar, al decir buenos días, buenas tardes y buenas noches. Empecemos a sonreír  para comenzar a fluir en el camino de la  felicidad. Entendiendo que la felicidad esta aquí. Siempre lo estuvo. Es parte del aire que respiramos, de las elecciones que hacemos, de los ojos con que miramos y de lo que elegimos escuchar.

Podemos anticiparnos a ser felices, con mucha más pasión y entusiasmo con la que vivimos hasta ahora.  Hagamos ese ejercicio de confianza en nosotros mismos. Sonriamos antes de saber la buena noticia. Hagamos el camino antes de saber a dónde llegaremos. Celebremos antes de ganar. porque estaremos disfrutando el juego de la vida. Esperando lo mejor y sin perder un solo instante lamentándonos.

Dejémonos fluir, sin resistir a lo que el universo nos tiene preparado. Habiendo aceptado las cosas como son y permitiéndonos sorprender de la belleza que está dentro nuestro.  Porque finalmente entendemos que, ser feliz no es nuestro destino, sino nuestro camino.