Pienso en “emprendedor” y se me viene a la mente un millenial con jeans, tennis, laptop y a punto de convertirse en multi-millonario antes de llegar a los 30s.

Por Alejando Fernández.

Desde luego, mi visión es retorcida. Pero sin afán de generalizar, existen un conjunto de creencias limitantes sobre el emprendedurismo que si bien no son tan distorsionadas como las mías, todas tienen un común denominador: “Es demasiado tarde o mis circunstancias me lo impiden.”

Juguemos un poco con algunas de estas creencias:

1. “Debo elegir entre mi trabajo actual o ser empresario”

La palabra emprendedor tiene raíces latinas y significa “el que tiene la decisión e iniciativa para empezar a hacer alguna cosa difícil.” Eso significa que cualquier nueva iniciativa dentro de su empleador actual califica como emprendimiento. Allí se puede ejercitar su músculo de empresario desarrollando programas e ideas que beneficien a su empresa, a sus clientes y a su carrera.  Todo eso sin renunciar a su trabajo.

2. “Necesito ocho horas al día o más para ser emprendedor”

Mentira. Por más demandante que sea su trabajo de día y sus responsabilidades familiares, es posiblededicar pequeños tractos de su vida a tener un segundo empleo a “medio tiempo” en su propia compañía.

Sea por un hobbie, sea para ganar dinero extra o como una paulatina transición hacia una empresa de tiempo completo, la magia está en rediseñar la agenda y dejar ir ciertos hábitos: Una hora de Netflix al día, 30 minutos dando vueltas en la cama, almuerzos largos, todos se pueden acortar en aras de cumplir algún sueño como emprendedor.

3. “Con esta edad no puedo competir contra los mileaniales”

El miembro promedio de clase media se siente abrumado por su hipoteca, sus gastos médicos, sus responsabilidades familiares y percibe que cualquier emprendimiento sólo añadiría preocupaciones a su ya complicada vida. Todo esto lo hace sentirse “viejo” en cierta forma. Y aunque es evidente que los mileniales tienen ventajas que muchos nunca tuvimos, la verdad es que la naturaleza compleja de nuestra existencia es terreno fértil para producir productos, servicios y emprendimientos diseñados a otras personas con los mismos retos.

4. “No puedo sacrificar a mis hijos”

Hogares de hoy en día donde ambos padres trabajan son un semillero de culpa. El poco tiempo libre que tienen se lo dedican a sus hijos que primordialmente son criados por abuelas, empleadas domésticas, niñeras, guarderías y centros educativos. Sería sacrílego pensar en quitarles ese tiempo para “perseguir tus egoístas sueños.” Error.

Resulta que a sus hijos alguien necesita enseñarles a ser emprendedores, alguien tiene que mostrarles algún oficio práctico desde pequeños, ellos son los mejores socios en su compañía. ¡Dejen de jugar Xbox e ir a McDonalds y pónganse a trabajar todos juntos en un proyecto familiar!

5. “No tengo capital”

El mejor capital es su talento y su fuerza de voluntad indomable. Lo demás vendrá por añadidura. Punto.

6. “No tengo la súper revolucionaria idea”

Como no va a fundar el próximo Uber “no vale la pena” nutrir su espíritu emprendedor. Déjeme decirle algo: la jornada de emprendimiento primero tiene que ver con cambiar su mundo, su dependencia a la certidumbre y su adicción a lo predecible. Si logra superar eso, verá que en las ideas más sencillas y en los servicios más simples hay una enorme satisfacción sirviendo a la gente y dando ejemplo a su familia. Así se cambia el mundo.

No hay escapatoria. Dentro de su empleador actual, como trabajo a medio tiempo, incorporando a sus hijos, o apostando el todo por el todo; en cualquier circunstancia se puede emprender. Las dificultades sólo son criaderos de creatividad, las limitantes son precursores de nuevos productos y sus falsas creencias sólo son excusas para contener su magnífico talento.