Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Mi ultimo editorial fue una sorpresa de mensajes. De pronto fueron los hombres quienes levantaron su voz para poder dar sentido a lo que las mujeres siempre criticamos; ¿son ellos los que abandonan después de una primera cita?  “Secretos de una cita a ciegas” evidentemente ha sido un tema movilizante para esta generación de chicas y chicos (que ya pasamos los 40) que no quiere estar ni muy solo, ni muy acompañado.

“Quiero, pero no mucho” es la tímida sensación de un segmento de personas que esta indecisa por saber si el amor le pasa por la cabeza, por los pies, por la piel o por el alma.  Y en esa búsqueda de sensaciones y emociones se pierde entre miles de imágenes que pasan como catálogos de moda por delante de nuestras narices. ESTE SI, ESTA NO …y una APP que nos une, y nos separa de nuestro verdadero sentir: el pánico a la soledad.

“Quiero, pero no mucho” es la tímida sensación de un segmento de personas que esta indecisa por saber si el amor le pasa por la cabeza, por los pies, por la piel o por el alma.

Lo curioso es ver como uno se disocia constantemente entre el discurso de la “nueva era” haciendo los cursos del arte de vivir, meditando al estilo Dalai Lama o leyendo el Poder del Ahora, al mismo tiempo que el temido apego del propio ego, no deja de latir insistente, cada vez que nos disponemos a abrir un poco nuestro propio #yo.

“Querer no es Amar”, le dije el otro día a un buen hombre, que, asustado del sentir, se escapó sin decir nada una madrugada de verano de quien le habría llenado el corazón de alegría. 

El querer es caprichoso y posesivo, viene de ese YO infantil que solo busca satisfacer sus necesidades más arcaicas. El amor es otra cosa. El amor nos exige transcender y dejar que el sentimiento fluya sin pretensiones.  Poder dar sin exigir es una experiencia que requiere romper con la realidad para entregarse. Esa escisión de lo íntimo que linda entre la búsqueda de la felicidad pura y la plenitud, como un sentimiento de paz y no de exacerbación.

Y es que generalmente no somos capaces de entender que el alimento del alma está en el amor que podamos darle, que lejos de ser un amor egoísta está cargado de intensos segundos de dedicación y aprendizaje, y que es solo  allí, donde nace la verdadera fuente del Ser, capaz de dar y entregar lo verdadero.  Un aprendizaje que algunos pueden ir haciendo de a dos, y otro necesitamos caer y volver a comenzar hasta aprenderlo.

Entonces ¿porque temer a la soledad, al silencio, al encuentro con uno mismo? En lugar de entregarnos.

Estamos demasiado acostumbrados a permitirle a nuestra mente saltar de emoción en emoción, de juicio en juicio, de recuerdo a proyecto de futuro, de foto en foto, en busca de un ideal que no existe fuera.

Estamos demasiado acostumbrados a permitirle a nuestra mente saltar de emoción en emoción, de juicio en juicio, de recuerdo a proyecto de futuro, de foto en foto, en busca de un ideal que no existe fuera.

 Si algo aprendí con la náutica es el poder que te da entender que hay que sentir las cosas tal y como suceden, sin buscar su control, algo así como aceptar que las experiencias y sensaciones sucedan tal y como se dan, para permitir que el acontecimiento suceda de un modo completo. De esa manera la experiencia de navegar puede ser inmensa, ya que suele darnos el placer de sentir el viento, de escuchar el agua, de empaparnos de sensaciones con el esfuerzo del trabajo consciente, pero por sobre todo,  de entender la inteligencia que posee el cuerpo para desarrollar habilidades en el campo de los sentidos ala hora de tener que tomar una decisión.

Y que tiene que ver todo esto con “una nueva cita” seguramente todo o nada.  El verdadero control está en dejarnos fluir por la inmensidad del universo, teniendo conciencia del rumbo,es decir, centrarnos en nuestro ahora para que cuerpo y mente puedan ser partícipes de la verdadera experiencia del amor.

Hace algunos años cuando nos reunimos a leer #uncursodemilagros, aprendí que la contracara del amor, no era el odio sino el miedo. Al contrario de lo que estamos acostumbrados a pensar, uno se escabulle de las situaciones que son capaces de hacernos sentir felices. Este acto fugaz del ser humano, que va desde la plenitud hacia la angustia de la soledad no son más que los intentos de escapar de nuestros propios miedos. No es fácil estar solo, allí nos encontramos con nuestra sombra; los momentos que creemos nos llevaron a la tristeza o a sentimientos que nos atormentan. No sabemos transformar y trascender; dos acciones necesarias para poder lograr el verdadero amor.  Ese que no vamos a encontrar en una foto dando LIKE sino el que está ahí, frente a nosotras, deseoso porque podamos mirarlo y hacerlo propio, para luego sí, desplegarse y compartirse.

Muchas de nosotras sentimos que somos grandes y que el tiempo se acaba, que los dias pasan y que aún no hemos aprendido. ¿Se acuerdan de “El principito”?  él decía; acabamos confundiendo el querer con el amar y viceversa. Como consecuencia de esta confusión llenamos nuestra mochila emocional de falsos “te quiero” y de “te amo” vacíos.

¿Seremos capaces de Amar sin esperar nada a cambio? ¿Seremos capaces de dejar de buscar para que el universo traiga a nuestra vida lo que realmente nos hará plenas?

A veces me gusta terminar  todo con una pregunta, como una propuesta a que cada una pueda darle su final y  dejar que sea nuestro corazón, en el tiempo que su latir le indique el que nos traiga las respuestas.

¡Hasta pronto!!!

Marcela Temes