Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Por Marcela Temes I dirección@w.revistali.com

Hace algunos  años, conocí a la Dra. Graciela Grandinetti, una médica obstetra quien además de acomp

añarme y atender todo mi embarazo, abrió mi  cabeza y mi corazón para entender el secreto que llevamos dentro las  mujeres y el poder que podemos tener cuando nos unimos.

 

Mi querida Graciela decía que el parto era “cosa de mujeres” casi a la antigua. Al principio no entendía, pero con el transcurso de los 9 meses comprendí, que el útero es nuestra matriz sagrada y en él habita un enorme potencial energético.Como dicen los sabios chamanes “ es nuestro cuenco donde nace la vida y el placer, es un reflejo de nuestro corazón femenino”. El útero no es sólo un lugar donde nuestros bebes crecen, es este órgano el que recibe nuestras emociones a lo largo de toda nuestra vida de mujer.

“el útero es nuestra matriz sagrada y en él habita un enorme potencial energético”

Así descubrí que a lo largo de mi vida  las mujeres, a través de nuestra energía femenina, somos capaces de sanarnos, cuidarnos, acompañarnos y abrazar nuestra alma cuando nos sentimos caer ( mis hermanas Silvia y Gabriela fueron mis primeras amigas y compañeras de los dolores de la vida. Solo por estar juntas pudimos atravesar momentos extremos cuando eramos muy niñas)

Por eso cuando nos sentimos dolidas, perdidas y necesitamos un abrazo porque algo terminó;  una pareja, un trabajo, un sueño, no es desde la energía masculina que podemos sanar, sino de aquella que es capaz de volver a llevarnos al lugar del verdadero amor; El amor del útero.

Entonces nada mejor que compartir un café, una manicuire, una limpieza de cutis en la cocina de casa y esas cosas que nos devuelven un poco la sensación de que estamos en compañía de un amor que sana.

Las mujeres somos capaces de hacer que  un momento de llanto y angustia se transforme en risa. Tenemos la fuerza del parto, ahí donde lo femenino se hace masculino para dejar salir al mundo un nuevo ser (una nueva esperanza, un nuevo proyecto un nuevo sueño)

Sera por eso que cuando nos duele el alma, nada mejor que buscar la compañía de nuestras amigas, hermanas, madres e hijas para acurrucarnos y reencontrarnos con la esencia del amor profundo.

Dicen que “ Quien tiene una amiga, tiene un tesoro”  una frase que encierra un universo de confidencias, complicidades. Lo cierto es que las amigas siempre están ahí; Nos ayudan, comparten con nosotras y forman parte de nuestra red de contención: incondicionales, divertidas, motivadoras…

Así las mujeres nos reconocernos, nos acompáñanos nos nutrimos para fortalecer nuestro despertar femenino y sanar nuestro corazón.

Gracias por estar allí